Autor: Ricardo Pérez Yarza

  • Roma (Alfonso Cuarón): Un retrato desde el silencio y lo invisible

    Roma (Alfonso Cuarón): Un retrato desde el silencio y lo invisible

    La más reciente película de Alfonso Cuarón es la más mediática de México en el último año, las razones para ello pueden ser varias: por su plataforma de difusión (Netflix), por los inconvenientes que en las calles el director y su equipo enfrentaron (estos originados en incompetencia y corrupción burocrática de la entonces delegación Cuauhtémoc) o bien por la acogida en festivales y premiaciones. Filias y fobias aparte, la cinta puede ser interpretada como un enorme entramado de dualidades.
    Protagonizada por Cleo (Yalitza Aparicio), cuenta la historia de una sirvienta o trabajadora doméstica que labora para una familia de clase media-alta residente de Roma, uno de los más emblemáticos barrios de la capital mexicana. Allí está al servicio de Sofía (Marina De Tavira), sus 4 hijos, su madre Teresa (Verónica García) y su esposo (Fernando Grediaga), del que eventualmente se termina separando; todo esto entre 1970 y 1971.
    El relato da inicio en medio del desempeño cotidiano de la propia Cleo y Adela (Nancy García), la otra empleada de la familia. Descubrimos en pantalla que la rutina de una trabajadora de servicio es un ejercicio agotador, simultáneamente se develan los dramas de los que la vida humana es recipiente. Independientemente de que su ocupación no se perciba como muy sofisticada en el ámbito intelectual, su existencia puede poseer tantos altibajos como la de sus patrones, con el añadido que hay que satisfacer a estos desempeñando su oficio con eficiencia.
    Cuarón coloca en el centro de la historia todas esas realidades que desaparecen de la vista en una relación de patrón-empleado, empezando por el conocimiento más básico del personal de servicio, concretamente los datos personales. Cuando Cleo está ingresando al hospital para dar a luz, Doña Teresa, madre de Sofía, intenta registrar a su empleada pero no puede proporcionar a los trabajadores del sanatorio ninguna información de ella salvo su nombre porque en realidad desconoce todo de su vida, no sabe nada de aquella persona con la que convive a diario y le facilita la existencia.
    Roma visibiliza a aquellos que están ahí y sin embargo no se ven, de los que no se sabe absolutamente nada, aquellos trabajadores invisibles que pueden estar presentes no solo como empleadas domésticas, sino también como policías, porteros, personal de limpia, meseros, garroteros, tenderos, mucamas y un sinnúmero de oficios que requieren que un ser humano consagre su vida a hacer más cómoda la de otro.
    Del ruido y el silencio
    A pesar de centrarse casi todo el tiempo en un barrio en específico de la Ciudad de México, la película retrata una característica compartida por toda la urbe, el incesante ruido. Esta ciudad está plagada de él todo el tiempo. Proviene de un sinfín de fuentes que a partir de sus sonidos particulares alimentan ese rompecabezas auditivo inabarcable que es la capital mexicana.
    El silbato de los afiladores en bicicleta, motores de los automóviles y sus respectivas bocinas, vendedores ambulantes, comerciantes en establecimientos fijos, mercados, niños jugando, bandas de guerra tocando tambores y cornetas, madres y abuelas llamando a hijos y nietos, aviones, música en los radios, transporte público y fiestas, etc. La Ciudad de México es un collage auditivo apocalíptico, surreal y aquellos que la habitamos sabemos que encontrar un momento de calma es postrarse ante un raro hallazgo.
    Al respecto, Roma muestra aquellos silencios con los que esta ciudad también convive pero con menos frecuentemente, como aquel en que se ve envuelta Sofía al ver como su esposo se marcha de casa, el de Cleo meditabunda después de que naciera muerta su hija, o bien, el silencio que invade un automóvil en el trayecto de regreso después de un viaje familiar a Tuxpan.
    Es preciso resaltar la similitud que presenta Cuarón con Y tu mamá también. En la cinta protagonizada por Gael García y Diego Luna, el trayecto de ida a la playa está lleno de música, charlas, chascarrillos e incluso recitan su manifiesto charolastra a Luisa (Maribel Verdú). El de regreso, por su parte, es muy silencioso según nos cuenta el narrador (Daniel Giménez Cacho). En Roma, en el recorrido de ida a Veracruz, los niños llenan de ruido el vehículo y cantan su deseo de visitar la playa antes de arribar al hotel, en cambio el regreso acontece con sosiego.

    Otra categoría de silencio lo encontramos en la casa de la calle Tepeji. Una vez la cinta nos ubica dentro del domicilio, el sonido eterno de la ciudad se desvanece y solo es capaz de resurgir con las conversaciones entre los habitantes del domicilio o el ladrido del perro Borras. Una casa en la ciudad de México representa pausa, un oasis en medio del vértigo sonoro de un área metropolitana que cobija a millones de personas.

    Filmada en blanco y negro, Roma está repleta de dualidades. Auditivamente, la del sonido en exceso y la ausencia de este; socialmente la de la relación patrón-empleado, lo visible y lo invisible, la de la devoción femenina en una relación y el machismo que las destruye, tanto para Cleo como para Sofía. Esas contradicciones le permiten a Cuarón retratar a una ciudad, un barrio y una familia a partir de dicotomías, en las que el silencio y lo invisible dicen mucho, significa que hay vida más allá del ruido y lo evidente.

  • El bochornoso chauvinismo del futbol mexicano (con dedicatoria a Hugo Sánchez)

    El bochornoso chauvinismo del futbol mexicano (con dedicatoria a Hugo Sánchez)

     Escribo el presente texto como antítesis del publicado por Hugo Sánchez en los periódicos Esto y El Sol de México que puede leerse aquí
    México es país cuya historia está profundamente ligada a las migraciones. Los dos más importantes mitos fundacionales de su sociedad tratan sobre migraciones: el de los mexicas que llegaron al Valle de Anáhuac procedentes de Aztlán y el de los europeos que, encabezados por Hernán Cortés, arribaron a Mesoamérica.
    A pesar de esta indeleble huella histórica el mexicano aún guarda en muchos de sus sectores cierto recelo ante el foráneo que llega a su tierra. Piensa que le vienen a quitar el trabajo, a robar, etc. El futbol absorbe muchas de esas características y las refleja como si fuese un prisma.
    La Federación Mexicana de Futbol ha contratado a Gerardo Daniel Martino como entrenador de la selección mayor y no se ha hecho esperar el rechazo de aquellos mismos quienes no aceptaron la incursión del colombiano Juan Carlos Osorio en el mismo cargo; los Hugo Sánchez, Tomás Boy y demás personajes del futbol nacional cuyo acceso a un micrófono pareciera los obliga a hablar de cualquier situación.
    De acuerdo con la columna del Pentapichichi antes citada, Martino «no es bienvenido… dado que en México hay muy buenos directores técnicos para llevar a buen puerto a la Selección en su camino rumbo a la Copa del Mundo de Qatar 2022».
    La nacionalidad del entrenador no juega
    Cada absurdo y patriotero juicio que tanto Sánchez como otros personajes del medio futbolístico mexicano despliegan en columnas y comentarios para televisión se puede rebatir recurriendo a la evidencia empírica.
    Bélgica alcanzó su mejor participación en un mundial de la mano de un español (Roberto Martínez), Colombia y Paraguay lo hicieron con argentinos (José Pekerman y Martino respectivamente) y tanto Costa Rica como Ecuador con colombianos al mando (J.L. Pinto y Luis Fernando Suárez). El guía de la mejor participación portuguesa en la historia reciente de la Copa del Mundo es brasileño (Luiz Felipe Scolari) y neerlandés el responsable de la australiana (Guus Hiddink).
    En justas continentales varias selecciones han alcanzado su mejor posición con entrenadores foráneos. Grecia escribió el milagro futbolístico más inverosímil del siglo XXI bajo la tutela de un alemán (Otto Rehaggel), Chile ganó dos Copa América con argentinos (Jorge Samaoli, Juan A. Pizzi) y Rusia alcanzó su mejor puesto posterior a la época soviética con un neerlandés (Guus Hiddink). Jamaica por su parte llegó a su primera de dos finales consecutivas de Copa Oro con un alemán (Winfried Schäfer).
    Perú regresó a un mundial detrás de la estela de un argentino (Ricardo Gareca), Panamá clasificó por primera vez a uno a las órdenes de un colombiano (Hernán Darío Gómez), mientras que Jamaica alcanzó esa hazaña gracias a un brasileño (René Simoes) y Trinidad y Tobago con un neerlandés (Leo Beenhakker).
    Como se ha visto en los anteriores tres párrafos, la nacionalidad del entrenador no es impedimento para alcanzar ciertos grados de éxito.
    Ser mexicano no garantiza nada
    El equipo mexicano ha participado en 16 mundiales, de los cuales en 10 ha sido dirigido por entrenadores nacionales y de los 5 extranjeros que lo han guiado en Copas del Mundo, solo Juan Carlos Osorio no se ha formado en México. Ninguno de los muy buenos entrenadores a los que refiere Hugo Sánchez ha logrado el ansiado resultado consagratorio del tricolor en un mundial, es decir, el paso de calidad que simplifican prensa y afición como «alcanzar el quinto partido».

    En la actualidad ¿Quiénes son esos muy buenos entrenadores para llevar a buen puerto a la selección? y ¿qué ha pasado con los anteriores muy buenos entrenadores? empiezo respondiendo la segunda pregunta.
    Miguel Herrera, el propuesto por Sánchez, fue despedido en 2015 después de agredir a un periodista en un aeropuerto. José Manuel de la Torre al poner en riesgo con resultados deficientes la clasificación hacia Brasil 2014. Victor Manuel Vucetich no obtuvo por cuenta de su equipo los puntos requeridos que llevarían a México a disputar la reclasificación ante Nueva Zelanda y dependió de los goles anotados in extremis por Estados Unidos ante Panamá.
    Por Javier Aguirre han recurrido en 2001 y 2009 para alcanzar la Copa del Mundo pero en ambas ocasiones la aventura del Vasco ha concluido con una profunda decepción en la afición mexicana. A ello habrá que sumarle las declaraciones del ex entrenador de Osasuna y Atlético de Madrid quien aseguró en 2010 que México «es un país jodido». El último entrenador mexicano que no abandonó del todo la aventura del tricolor por la puerta trasera fue Manuel Lapuente.
    En los últimos 8 años, los siguientes entrenadores han resultado campeones en México.
    Ricardo Ferreti (x4)
    Antonio Mohamed (x2)
    Miguel Herrera (x2)
    Gustavo Matosas (x2)
    Guillermo Vázquez
    Benjamín Galindo
    Caixinha
    Diego Alonso
    Matías Almeyda
    Robert Dante Siboldi
    De diez, siete son extranjeros y tres mexicanos, aunque casos como el de Ferretti y Siboldi podrán validarse como nacionales al haber desarrollado la totalidad de su trayectoria en México, dejando la cifra en 5 formados en México y 5 en el extranjero, siendo el mismo Tuca el más laureado, no obstante ha declarado en incontables ocasiones su rechazo por ser el encargado del equipo nacional. Aquí su palmarés:
    Trayectoria: 28 años
    Títulos de primera división: 6 (Guadalajara, UNAM, Tigres (4))
    Títulos de Copa: 1 (Tigres)
    Títulos de Supercopa: 4 Campeón de Campeones (Toluca, Tigres (3))
    Experiencia en otras ligas: no
    Experiencia Europea: no
    Experiencia Sudamericana: no
    Mejor resultado internacional: Final Copa Libertadores (2015)
    Experiencia en selección nacional: si (interinato en 3 ocasiones)
    Mejor resultado: Copa Concacaf 2015 (clasificación de México a Copa Confederaciones 2017)
    En comparación con Tuca, el palmarés de Tata Martino no resulta pobre y en cambio posee experiencia en competiciones a las cuales el entrenador de los Tigres nunca ha accedido, tanto a nivel de clubes como de selecciones.
    Trayectoria: 20 años
    Títulos de primera división: 6 (Libertad (3), Cerro Porteño, Newell’s y Atlanta United)
    Titulos de Supercopa: 1 (FC Barcelona)
    Experiencia Europea: si (FC Barcelona)
    Experiencia Sudamericana: si (Almirante Brown, Platense, Instituto, Colón, Newell’s, Libertad, Cerro Porteño)
    Mejor resultado internacional: Semifinalista Copa Libertadores (2006, 2013)
    Experiencia en selección nacional: si (Paraguay, Argentina)
    Participación en mundiales: si (Paraguay, 2010)
    Mejor resultado: Cuartos de Final (Paraguay, 2010)
    Participación en Copa América: si
    Mejor resultado: Finalista (2007, 2015, 2016)
    Martino ha dirigido en primera división en 3 ligas (Argentina, Paraguay y España), saliendo campeón en 2 de ellas, ha dirigido en los dos torneos continentales de clubes más importantes (UEFA Champions League y Copa Libertadores), mientras que Ferretti solo tiene recorrido en el futbol mexicano.
    Nuestro deporte rey en su factor estrictamente deportivo es igual al que se practica en todo el mundo. Dos equipos de 11 integrantes, 10 jugadores de campo más un guardameta, deben anotar gol en la portería contraria sin usar las manos. La excusa esgrimida con ingenuidad que señala «el futbol mexicano es muy difícil» podrá aplicarse a nivel directivo, no obstante en la cancha no guarda ningún secreto.
    Cualquier argumento que intente validar el rechazo por Tata cae enterrado bajo el peso del empirismo y solo exhibe un aire de xenofobia que en una actividad tan globalizada como el futbol no tiene cabida.
  • Propuesta indecorosa para la Liga MX

    Propuesta indecorosa para la Liga MX

    Salir campeón en Inglaterra, España, Italia, Francia, Brasil y Países Bajos requiere un esfuerzo de 38 partidos. Por su parte en Alemania y Portugal son 34 juegos los que necesita un equipo para alzar el título del mejor del año; la consigna no obstante es la misma en ambos bloques: ganar la mayor cantidad de partidos posibles en comparación con los rivales; sumar más puntos que el resto.

    En México se requiere jugar 23 partidos para alzar el titulo sin necesariamente haber vencido en la mayor parte de ellos, sino simplemente ganar los que sirvan para calificar a esa postemporada horriblemente nombrada liguilla y a partir de ahí ver qué resultado (empate o victoria) es el necesario para seguir en la competición.

    En las ligas más importantes del planeta, que curiosamente pertenecen a los países con algunas de las selecciones nacionales más fuertes, se reconoce un campeón por año; en cambio aquí la gloria llega con entregas semestrales. Un equipo puede hacer menos del 50% de los puntos en liga y aún así aspirar a levantar el trofeo. Asimismo puede no ganar un solo juego de fase final en 90 minutos y terminar con la copa en sus manos.

    Hazañas como la del Leicester City en 2016, Montpellier en 2012, Werder Bremen en 2004 o Verona en 1985 adquieren mayor valía cuando se pone sobre la mesa el contexto de esos logros. Equipos a priori simples invitados al festín de otros que al final de la celebración resultan los protagonistas porque se muestran mejores en el esfuerzo de un año, de cabo a rabo.

    El valor del esfuerzo tiene su recompensa y es menos probable que se vea mancillado por un accidente de esos que tiene el futbol y suelen tener consecuencias más notorias en las rondas de eliminación directa.

    El futbol mexicano, tan dado como todo el país a imitar lo que se admire de Estados Unidos (aunque ello implique que la imitación resulte de dudosa calidad), adoptó el sistema de postemporadas que los deportes estadounidenses tienen en sus ligas profesionales, en tanto en Europa el balompié tiene un solo camino que es el de la dedicación desde el primer minuto del primer juego de la temporada.

    Cada segundo jugado en temporada regular en la Liga Premier inglesa o la Bundesliga tiene mayor valía que el jugado en la Liga MX, ¿Por qué? Pues por la simple razón que en aquellos torneos cada partido forma parte de un todo, y la pérdida de puntos es irreparable ya sea para campeonar, clasificar a torneos continentales o evitar el descenso.

    En tanto, el torneo mexicano se divide en dos competiciones; la primera consiste en hacer los puntos suficientes para colocarse en los ocho peldaños más altos de la tabla general y hay margen para perder unidades ya que igual califican a liguilla el primero y el octavo sitio.

    ¿Existe alguna forma de combinar la formalidad y valía de los torneos de liga convencionales con la emoción y nervios de las fases de eliminación de postemporada? ¿Se puede hacer más competitivo y riguroso el futbol mexicano sin desprenderse de la plusvalía que se le generan al negocio las liguillas?

    La respuesta es sí, aquí hay algunas consideraciones que transformarían a la Liga MX en torneo de mayor reconocimiento al esfuerzo perpetuo de un año de competencia.

    1.- Torneos largos

    Al cambiar de dos ligas semestrales a una anual el valor de un trofeo es mayor, ya que el esfuerzo por conseguirlo se duplicó en cuestión de partidos jugados. Los campeones más memorables en la historia del futbol nacional son de la época de torneos largos: el León de los 40 y 50, el Guadalajara del Campeonísimo en los 60, el Cruz Azul de los 70, el América de los 80 y el Necaxa bicampeón de la primera mitad de los 90.

    2.- Liguilla sí, pero con justicia.

    Si se va a jugar playoff que sea otorgándole real ventaja al equipo que al final de 34 partidos obtuvo mejor rendimiento. Desprendámonos de las eliminatorias a ida y vuelta y que se disputen a solo un partido; en casa del equipo mejor colocado en la tabla y donde el empate le bastaría para clasificar a la siguiente ronda. Solo así el esfuerzo de una temporada entera se podría ver recompensado, además de que generaría mayores ganancias al disputar más partidos en condición de local en comparación con su rival.

    Al final de la temporada el campeón habrá disputado 37 partidos de liga y no 23 como ahora se hace. Los equipos que no avancen a segunda fase tendrán 34 juegos de competencia y no 17. Sumando a ellos los juegos de Copa, Concachampions, etc.

    3.-  Disponibilidad de jugar 3 torneos

    En Europa los clubes pueden jugar hasta 3 y 4 competencias simultáneas. Liga, Copa, Competiciones continentales y Copa de Liga, esta última en casos como Inglaterra. En México los clubes que disputan Concacaf Liga de Campeones no juegan Copa MX por empalme en días de juego, cosa que tiene una sencilla solución acomodando los partidos de acuerdo con las necesidades de un torneo largo y no de dos cortos. Entre más partidos disputas, mejor futbolista te vuelves; entonces jueguen más partidos.

    4.- Premio para el campeón de Copa MX

    El Campeón de la Copa Sudamericana enfrenta al de Japón en la Copa Suruga Bank disputada en Asia. Se puede replicar algo así ¿Podría la Femexfut programar un torneo a un partido donde el Campeón de Copa MX enfrente al ganador de SuperLiga China o algún equipo extraído de algún torneo de la MLS? ¿Por qué no pensar que es posible?

    Las copas nacionales europeas tienen su recompensa clasificando al ganador a Europa League, en Sudamérica por su parte algunos clubes califican a Libertadores. ¿No es momento de darle de nuevo valor a la Copa MX con alguna recompensa más allá del trofeo?

    4.- Transmisión plural y real competencia

    En la Liga MX no existe una real competencia a nivel de radiodifusión salvo por los partidos finales de Liga y Copa. Cada equipo tiene monopolizada la transmisión en TV de sus juegos donde una sola compañía, excepto casos como Pachuca o León, donde más de una cadena los difunde en vivo. Una verdadera apertura plural implicaría que cada equipo pudiera vender los derechos de televisión de cada partido a 1, 2 o 3 empresas y entre ellas esforzarse por brindar a la audiencia la mejor cobertura informativa, el mejor análisis, etc.

    5.- La camiseta no se mancha.

    Es raro encontrar algún uniforme en el futbol mexicano no atascado de anuncios publicitarios. Es bien sabido que los ingresos de los clubes salen de los patrocinios; no obstante el aficionado, el hincha, o como quiera llamársele no es seguidor de los anuncios, sino del club, del escudo y de la misma camiseta. Podrían formar un convenio y sacar a la venta camisetas de aficionado con la cantidad mínima de patrocinadores posible para que el sujeto común y corriente que se hace de la indumentaria de su equipo no parezca automóvil de NASCAR o Fórmula 1.

    Es época navideña, es improbable que estas peticiones las traigan Santa Claus o los Reyes Magos, pero ilusionarse es gratis y soñar no cuesta nada.