Autor: Ricardo Pérez Yarza

  • #Coliving: meter la basura debajo de la alfombra

    #Coliving: meter la basura debajo de la alfombra

     
     
    Los últimos dos días ha sido tendencia en Twitter México el concepto #CoLiving a propósito del mensaje que un usuario (@oneflores) publicó en el cual señala que la empresa Covive está próxima a abrir nuevos espacios de alquiler en la colonia Roma, un emblemático barrio de la capital mexicana.
     
    En su página web esta empresa detalla que ofrece vivienda compartida (coliving, en inglés) en zonas centrales de la Ciudad de México. Y hace la invitación al usuario con un mensaje que señala: vive en un cuarto privado y comparte áreas comunes bajo un esquema cómodo y sencillo, para que vivas como quieres.
     
    El anuncio original fue recibido en la red social con más rechazo que aceptación, tanto literal como en sentido irónico, por los internautas dado que consideraban que el anglicismo coliving es un eufemismo para denominar de forma sofisticada el antiguo concepto de vecindad.
     
    Otra razón por la cuál esa propuesta inmobiliaria fue acogida de forma negativa por la audiencia de la web fue que el costo del alquiler parece demasiado elevado por un espacio reducido. Por $11,650.00 pesos al mes el interesado puede rentar una habitación de 12 a 18 m2 en una casa o departamento donde tendrá que compartir cocina, comedor, sala de estar y baño. Si el posible cliente desea que su habitación aumente de tamaño y además disponga de baño privado la cifra se eleva a los $14,650.00 pesos.
     
    El libre mercado permite el florecimiento de diversos modelos de negocio y el de la vivienda no es ajeno a esta circunstancia; la popularidad del tema en horas recientes en redes sociales es un óptimo pretexto para abordar que hay asuntos de interés público que no pueden simplemente ser resueltos por la «mano invisible».
     
    La vivienda digna o adecuada es un derecho fundamental de acuerdo con la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, y Hábitat para la Humanidad la define la define de la siguiente forma: El término Vivienda Adecuada significa disponer de un lugar privado, espacio suficiente, accesibilidad física, seguridad adecuada, seguridad de tenencia, estabilidad y durabilidad, iluminación, calefacción y ventilación suficientes. Una infraestructura básica que incluya servicios de abastecimiento de agua, saneamiento y eliminación de desechos, factores apropiados de calidad del medio ambiente y relacionados con la salud; todo ello a un costo razonable para que todos tengan acceso a esa garantía.
     
    De acuerdo con la descripción anterior, el concepto CoLiving dificilmente puede ser categorizado como adecuado o digno ya que si bien puede presentar amenidades como iluminación, calefacción y ventilación, se encuentra ausente la privacidad. Los habitantes de este tipo de espacios pueden estar de acuerdo con perderla, no obstante la multiplicación de la oferta de este tipo de espacios puede generar la pérdida de vivienda que cumpla con los requisitos de disponer de un lugar privado, seguridad adecuada y seguridad de tenencia.
     
    Pudieran argumentar los desarrolladores de estos conceptos que la habitación es un espacio privado y el resto de las áreas de la vivienda son comunes, no obstante la privacidad va más allá de un cuarto de 12 a 18 m2. Esta puede ser nulificada a pesar de que el inquilino se encuentra aislado entre cuatro paredes de ladrillo y cemento.
     
    Muchas veces aquel individuo habitante de un área metropolitana de 20 millones de habitantes busca en la privacidad la compañía del silencio, estar a solas consigo mismo para pensar, planear, darle vueltas a cierto asunto, etc. Un espacio de CoLiving no lo garantiza porque quien mora alguno de estos espacios está a expensas del ruido o el escándalo de sus compañeros de casa, quienes también tienen el derecho a manifestar su libertad en su propio domicilio.
     
    Un ser humano muchas veces requiere reír, llorar, charlar, desahogarse, discutir asuntos de pareja, de familia y muchas otras actividades propias de un hogar que sobretodo requieren un espacio privado donde la intimidad juega un papel clave.
     
    Compartir vivienda con desconocidos pudiera obligar a un inquilino a mejorar o adquirir hábitos positivos como limpieza, puntualidad u orden, no obstante en un mundo donde la libertad es objeto de incesante búsqueda, aquel o aquella que guste del desorden y el poco o nulo aseo vería esta comprometida ya que diversas presiones o convenciones sociales lo obligarían a renunciar a ser libre de ser (desordenado(a), impuntual, pulcro(a), prolijo(a), etc.).
     
    Cuando dos o tres amigos deciden irse a vivir juntos y rentan un departamento o casa hay una comunión y un acuerdo entre las partes, que se conocen y ejercen su soberanía para hacerlo. Parten de un círculo social, el segundo más íntimo después de la familia, para habitar un espacio común. No obstante en el esquema CoLiving los compañeros de casa son desconocidos y no hay de antemano un vínculo afectivo desde el cual esté garantizada la sana y armónica convivencia en el hogar compartido, solo el sentido común y algún contrato mercantil con el arrendador sirven como especie de garantía que comprometen a los inquilinos a la armonía.
     
    La Ciudad de México ha presentado a lo largo de su historia reciente diversas complicaciones de variado índole que han impedido que la vivienda se multiplique en áreas centrales y próximas a las fuentes de empleo así como otros servicios como educación, salud, esparcimiento, recreación, etc. Entre ellas se encuentran factores naturales (sismos) así como decisiones gubernamentales (prohibición para construir edificios de elevada altura en diversas zonas, declaraciones de uso de suelo, etc).
     

    Gracias a la ausencia e incompetencia gubernamentales, el libre mercado ha generado la proliferación de vivienda en la periferia de la mancha urbana dado el bajo costo del suelo, lo que obliga a millares de habitantes a realizar trayectos de, por ejemplo, 2 horas para llegar a sus centros de trabajo. Dado que estos se encuentran en zonas de alta plusvalía y muchos trabajadores no reciben un sueldo competitivo, difícilmente pueden acceder a vivir cerca de donde laboran. La vida se les va entre los trayectos y las horas laborales lo que se traduce en que no les queda tiempo suficiente para ningún otro tipo de realización personal o social. 

    Una necesidad humana, como lo es un techo idóneo, no es conveniente que esté sujeta a los caprichos del mercado, la especulación y mucho menos a la improvisación de alternativas que no mejoran el concepto de vivienda digna en la ciudad; después de todo pretender resolver un problema generando otros es el principio básico de la estupidez. El Coliving equivale a barrer la habitación, pero meter la basura debajo de la alfombra.

  • La ingratitud de la memoria

    La ingratitud de la memoria

    Tengo la mala fortuna de poseer una buena memoria, me acuerdo de cosas que mucha gente ignora pasado algún tiempo. Mi memoria útil o de corto plazo tiene algunas deficiencias, esa me falla constantemente, la otra anda como si fuera un Maserati.
    Pienso que es un infortunio poseer lo que en apariencia es una buena cualidad porque de algún modo ese esfuerzo, muchas veces involuntario, por conservar algo en tu mente no es correspondido. Cuando niño me sabía nombres y apellidos completos de todos mis compañeros de clase, me resultaba fácil memorizarlos, los años pasaron y terminé por olvidarlos porque no hubo necesidad de retenerlos.
    En cambio, conservo casi intactos muchos momentos de carácter social que pienso era cortesía mía retenerlos para sacarlos a la luz del lenguaje si alguna situación lo ameritaba. Yo le pregunto a usted ¿Qué recuerda del 21 de agosto de 2009?,  quizás la respuesta sea “nada”, o “nada en concreto”.
    La excepción sería que usted tenga un recuerdo más o menos nítido de aquel día si aconteció en su vida un hecho determinante. Una boda, un funeral, un nacimiento, un bautizo, una graduación, un accidente, etc. Yo le puedo contar que ese día después de clases fui con nueve compañeros de mi salón y muchos otros estudiantes de mi escuela a una cantina.
    Ese día no tuvo nada extraordinario, no significó nada en mi vida, fue una salida de tantas en mi existencia, pero la recuerdo. De mis nueve compañeros de clase, 6 se sentaron en mi misma mesa, B*******, A*****, R******, M****, M****, K**** y M********; otros dos, A****** y C**** se fueron a la del otro grupo de mi generación. Cabe señalar que al día de hoy me sé los nombres completos de todos ellos.
    Aquella tarde pedimos cervezas y además yo me tomé una cuba libre preparada con Bacardí blanco. En la rocola puse Aquíde La Ley y Traffic de Tiësto, tenía ganas de nostalgia noventera y de principios de los 2000 así que escogí esos temas. Mientras buscaba canciones, C****, con la conciencia “etilizada”, se acercó a pedir una ranchera. Recuerdo cuál puso y quién la cantaba, pero me abstendré de detallar acciones que no tengan que ver conmigo por respeto a la privacidad de cada quien. M**** por su parte me señaló que había un disco con cánticos de los Libres y Lokos (barra de Tigres) y quería que yo pusiera uno, pero era obvio que no lo haría, y no lo hice.
    Mientras sonaba la pieza de Tiësto una chica de nombre A****** pasó al lado mío bailando el Trance que había puesto y eso me hacía sentir satisfecho. A ella la había visto por primera vez la primavera anterior, pero los detalles de aquella ocasión son por ahora irrelevantes salvo el hecho que me encandiló a primera vista y recuerdo al día de hoy la vestimenta que llevaba y su nombre completo de ese primer encuentro.
    Entre los temas de conversación que florecieron aquella tarde de agosto están la música y tanto K**** como M******** nos preguntaron a M****, a M**** y mí quién nos parecía atractiva del salón; entre otros nombres los tres coincidimos en que K**** y ella agradeció y se sonrojó un poco.
    B******* desaprobó con cierta dosis de sarcasmo el que hubiera puesto una canción de La Ley, a mí me importó un rábano su juicio sobre mi música para aderezar un ambiente festivo. Por su parte K**** y M******** se fueron antes que los demás. Al finalizar estuve platicando con un par de sujetos de otra generación sobre música y mi “mal gusto” por beber Bacardí, todo esto a las puertas del establecimiento, que por cierto, recuerdo como se llama y sigue estando allí 10 años después.
    Podría ir usted con cualquiera de los involucrados que menciono en este relato y alguno le proporcionaría un par de ínfimos detalles, estoy convencido de que nadie le dará tantos como yo. El mismo ejercicio le podría yo invitar a hacer con las fechas del 4 y 5 de septiembre de 2009 ¿Qué hizo?, ¿a quién vio?, ¿dónde fue?, etc. Yo le puedo comentar con cierta precisión a dónde fui, cómo, con quienes, qué hice, qué hicieron ellos y a qué fuimos.
    Le escribo esto porque a propósito de ese 5 de septiembre, recientemente tuve comunicación con alguien a quien conocí ese día con un motivo en común, de los detalles que le puedo dar son que entre otras cosas comimos en el Taco Inn de Plaza Loreto y compré 4 discos en el Mix-Up de ese mismo centro comercial (Fuerza Natural de Gustavo Cerati, Wait for Me de Moby, Tri-State de Above & Beyond y Why Try Harder de Fatboy Slim).
    Le puedo dar idea de algunos temas sobre los que charlamos, quiénes estaban con nosotros, algunas cosas que dijeron y detalles de mi vestimenta. Le puedo también contar que la comunicación con esta persona continuó por Messenger (de Microsoft, no de Facebook) después de aquel día y que hasta hubo sugerencias de mi parte sobre su futuro profesional e increíblemente él terminó andando el camino universitario que le había recomendado.
    Un par de años más tarde, charlando por el mismo medio, ayudé a que esta persona ingresara a hacer prácticas profesionales al portal de internet donde yo lo estaba haciendo y terminamos inclusive yendo juntos a cubrir eventos del área de cultura y espectáculos. Asimismo él, llamado O**** (y de quien recuerdo también su nombre completo), se volvió de alguna forma mi editor ya que pulía los textos que yo escribía.
    Hace unos días hice un comentario en su página de Facebook sobre aquello acontecido el 5 de septiembre de 2009, a propósito de una foto que publicó con motivo de esa fecha, esperando una remembranza cómplice de aquél día, no obstante él ya no se acordó de mí.

    Lo mismo me sucedió hace unos meses. Conocí a una chica de nombre D****** el sábado 28 de Febrero de 2015 en la calle Madero, Centro Histórico de la Ciudad de México. Íbamos mi amigo I*** y yo saliendo de un bar bastante ebrios después de beber varias cervezas y algunos Jack Daniel’s con Coca-Cola cuando nos encontramos a un par de chicas que estaban vendiendo abrazos (literalmente) sobre la calle.

    En mi ebriedad me animé a preguntarles si pertenecían a cierto curso de superación personal o coaching donde entre otras cosas tienen que juntar dinero para beneficencia y entre sus tácticas para hacerlo se incluye el vender abrazos. Me contestaron que sí y los abrazos ni mi amigo ni yo los pagamos, gracias a la bebida nos desinhibimos para evitar soltar dinero por algo tan efímero.

    Al siguiente lunes me las encontré por casualidad en las oficinas de su curso cerca de Polanco y ellas estaban incrédulas de que las viera allí, yo sinceramente no las recordaba físicamente. Quince días después me encontré a otra de ellas en un centro comercial sobre el Periférico y cercano a San Pedro de los Pinos donde platicando me pidió mi celular para guardar su número telefónico y se despidió dándome un beso en la mejilla.
    Jamás le escribí y se me ocurrió hacerlo hasta 4 años después, preguntándole de forma absolutamente cauta y respetuosa si recordaba el suceso de Madero, obviamente lo había olvidado así como también que ella me había dado su teléfono y que se despidió besándome el cachete. Yo recuerdo ciertos detalles de qué llevaba en mano y sobre su atuendo de la última vez que la vi.
    A veces la memoria de los demás resulta ingrata con uno, y tener una privilegiada no es más que una simple herramienta para soltar anécdotas y a la cual tampoco se le hace justicia.

  • ¿Para qué irle a un equipo de futbol?

    ¿Para qué irle a un equipo de futbol?

    Durante mi infancia cada que el Cruz Azul perdía y mis padres me veían triste o molesto con el resultado me repetían el mismo sermón: «no te apasiones tanto, no te aficiones tanto, no vale la pena hacerlo», entiendo su punto.
    Un día le pregunté a mi padre a qué equipo le iba y me respondió que a los cinco clubes del entonces DF. En aquel tiempo jugaban Necaxa y Atlante en la capital además de Cruz Azul, América y Universidad.
    Años después encontré pegada en su ropero una calcomanía con el escudo del Guadalajara y le pregunté si le iba a las Chivas. Me respondió que sí, pero había sido antes de mudarse a Zapopan para hacer su servicio social ya que quedó harto de cómo los tapatíos hablaban mal de los chilangos por cualquier cosa y sin la menor razón. El me argumentó que semejante animadversión era principalmente producto de la envidia.
    Su padre biológico era beisbolero y el adoptivo gustaba del baloncesto hasta donde tengo entendido. Mi mamá por su parte nunca ha sido futbolera, sus padres no lo fueron y mi abuelo era más aficionado a la Charrería al igual que mis tíos, pero al ser michoacana ella dice que le va al Morelia.
    Mis papás no son devotos de ningún club, de ahí su insistencia en que no me apegara yo a ninguno, no obstante los desobedecí como en tantas otras facetas de mi vida. Siempre me gustó el futbol y como tenía que extender mi afecto más allá del ámbito nacional empecé a tenerle afinidad a clubes de Europa y Sudamérica, así fueron apareciendo en mi vida Panathinaikos, Werder Bremen, Celtic y Fluminense; no obstante La Máquina Celeste es emblema de mi afición por este juego.
    Ayer Cruz Azul volvió a perder la oportunidad de ser campeón, como ha ocurrido de 1998 a la fecha. ¿Qué hacen los aficionados de los equipos que no salen campeones regularmente? ¿Cómo se puede ser hincha en España de la Real Sociedad, Alavés, Zaragoza o Valladolid sabiendo que la liga la ganará el Real Madrid o el Barcelona?
    Pienso que he encontrado la respuesta. Si una persona ve futbol y se aficiona a un equipo con el exclusivo fin de celebrar victorias está jodida. Sí, jodida. En un deporte donde solo gana uno ¿Qué nos queda a los demás? ¿Qué te queda cuando no ganas?
    Mi postura es la siguiente, yo le voy a un club de futbol para sentirme vivo, para vivir la agonía y el éxtasis sin que mi vida se ponga en riesgo. Le voy a mi equipo para experimentar en carne propia las sensaciones que la cotidianidad muchas veces nos esconde. Soy cruzazulino esperando milagros que pocas veces se dan, pero suceden más a menudo que en otras facetas de la existencia.
    En resumen, le voy a Cruz Azul porque con él mi vida es mejor.