Autor: Ricardo Pérez Yarza

  • Primavera 2025

    Primavera 2025

    Año y medio después puedo volver a curar y publicar una lista de reproducción; digo «puedo» aunque la expresión más adecuada sería «me permito». Una serie de circunstancias acontecidas en los primeros meses del año pasado me distrajeron de este ejercicio y he de confesar que me alimenté con glotonería de nihilismo y desidia. Ahora, con la misma libertad con la que dejé de lado esta práctica, puedo volver a ella.

    En esta ocasión he cambiado la dinámica. La selección de canciones que he recopilado no la publico, como solía hacerlo, al comienzo de la temporada para que sean un acompañamiento en semanas subsecuentes; lo hago esta vez transcurrido un tercio de la primavera. He decidido agrupar, por un lado, diversos temas que sonaron en mi vida estas semanas, por el otro hay temas que tienen un aura (en el sentido de Walter Benjamin) primaveral.

    Comienza con una versión de Yes Sir, I can Boogie de las Baccara. Un tema tan re hecho (Sophie Ellis-Bextor, La Gusana Ciega, etc.) tenía que poseer una interpretación acorde con la primavera y la de The Fratellis es simplemente perfecta para dicho fin. De Escocia pasamos a Gales, concretamente con los Manics, y mudamos el estado de ánimo festivo a algo más contemplativo. Las guitarras y sintetizadores de If You Tolerate This Your Children Will Be Next, publicado en la gloriosa década de los 90, forman una atmósfera envolvente que nos regresan el alma a esos benditos años. Me prometo a mí mismo que, si se dan las circunstancias, recomendaré este temazo a la siguiente mujer a la que tenga ganas de tirarle la onda. Después de todo, compartir y recomendar canciones es mi lenguaje seductivo.

    Bajamos todavía más las revoluciones y accedemos a Tajabone. Es simultáneamente un mantra, un arrullo y un llanto contenido catapultado por su aparición en Todo sobre mi madre de Pedro Almodóvar. De ahí cambiamos el mood completamente y nos deslizamos a una pista de baile clandestina con un remix de Wide Open Space, este tema nos traslada a explorar el universo al tiempo que movemos el cuerpo en la noche citadina. Otra remezcla se hace presente, en este caso proviene del legendario William Orbit con un tema de U2, Electrical Storm. Canción publicada en 2002, fue mi compañera inseparable en la primera mitad del 2003 en las semanas y meses previos a ingresar a la preparatoria. Es lo último de Bono y compañía que mereció la pena.

    A continuación he propuesto algo que rompe con muchos de los patrones de las listas de reproducción que hago, un tema en vivo. Agrego en esta ocasión una interpretación legendaria de George Harrison de uno de sus temas más celebrados. Something es por sí misma una confesión demasiado sentida y sincera; esta versión tiene algo más aún. Posteriormente a esta declaración de amor profundísima he insertado, a manera de valle lingüístico, una seguidilla de canciones con letra en castellano. Diez años después es un descubrimiento reciente -nunca me he dado a la tarea de escuchar con detenimiento a Los Rodríguez-, Exilio y Para Continuar son fotografías sonoras que remiten al México de la primera década del siglo XXI. Enseguida Couleur menthe à l’eau, Pale Horses y Alevosía le dan un carácter caleidoscópico a esta parte de la selección.

    Por último, A Rush of Blood to the Head de Coldplay. Tiene su sitio en esta selección por ser la canción que más reproduje en esta primera parte de la primavera. Durante años no la escuché y hace semanas, una noche, por casualidad terminé oyéndola en mi auto. No sé si fue azar, accidente o lo que los árabes denominan maktub, pero el encuentro de mis oídos con ella -en las circunstancias en que se dio y por la temática que aborda- la convirtieron en aquel instante en una epifanía musical. Los versos en la voz de Chris Martin que citan «I’m gonna buy this place and start a fire/Stand here until I fill all your heart’s desires… «I’m gonna buy a gun and start a war/If you can tell me something worth fighting for» se volvieron el himno de un salto de fe kierkegaardiano, pero esa anécdota será merecedora en un futuro de su propio texto. Por lo pronto, es la adecuada para cerrar esta compilación.

    Yes Sir, I can Boogie – The Fratellis

    If You Tolerate This Your Children Will Be Next  – Manic Street Preachers

    Tajabone – Ismaël Lô

    Wide Open Space (Perfecto Mix) – Mansun

    Electrical Storm (William Orbit Mix) – U2

    Something (Live in Japan 1991) – George Harrison

    Diez años después – Los Rodríguez

    Exilio – LeBaron

    Para Continuar – Sara Valenzuela

    Couleur menthe à l’eau – Isaac Delusion

    Pale Horses – Moby

    Alevosía – Luis Eduardo Aute

    A Rush of Blood to the Head – Coldplay

  • Passages (Ira Sachs): el triángulo amoroso como crisis estética y ética.

    Passages (Ira Sachs): el triángulo amoroso como crisis estética y ética.

    Un potencial triángulo amoroso es, en cuestiones sentimentales, una «situación límite» que representa una prueba tanto para la libertad como para la conciencia y compromiso moral de una persona. Esto, siempre y cuando los involucrados asuman que la monogamia es la estructura de relación amorosa deseable para sí mismos. Ira Sachs plasma en pantalla un conflicto de esta naturaleza, narra dos encrucijadas: una entre el placer y el deber y otra entre tomar/poseer y el dar/darse.

    Passages nos presenta a Tomas (Franz Rogowski), un meticuloso cineasta alemán radicado en París; en la capital francesa vive con su esposo Martin (Ben Wishaw). La continuidad de este matrimonio se pone en duda (y a prueba) debido a la aparición en sus vidas de Agathe (Adèle Exarchopoulos), una maestra de educación básica. En un primer encuentro, ella y el director descubren cierta química entre los dos al momento de bailar en una fiesta donde celebraban el fin de las filmaciones de la última cinta de Tomas. La comunión lograda al ritmo de la música se extiende por la noche parisina y deviene en deseo sexual que satisfacen en el after que se lleva a cabo en el departamento de una conocida de ambos.

    Para Tomas esto representa un redescubrimiento ya que se asume homosexual y a raíz de la intimidad con Agathe lo invade la confusión. Martin, por su parte, desde el instante en que se entera que su pareja sostuvo relaciones con una mujer sabe que su matrimonio ha sido trastocado. La historia en un primer nivel puede leerse como la búsqueda de claridad por parte de un hombre dubitativo de su sexualidad, no obstante, asumo que la orientación del protagonista pasa a segundo plano. La película constituye un relato sobre una persona que se entrega a la búsqueda del placer, y a la satisfacción de sus propias necesidades en detrimento de cualquier clase de compromiso. Es posible detectar que en esta cinta el conflicto central radica en una disyuntiva entre lo que Kierkegaard ha denominado estadios estético y ético.

    Cuando el rompimiento del matrimonio está encaminado, una de las partes, Tomas, exige comprensión y apoyo por parte de Martin para poder hacer frente a su situación emocional y no se ve una intención recíproca; es egoísta. Incluso en la definición de los términos de la separación mantiene esta actitud al no ceder en la intención de su pareja de vender una propiedad que ambos comparten. Aun cuando el propio Tomas se ha mudado con Agathe sigue regresando a su antiguo hogar con naturalidad, sin contemplar las necesidades y sentir de su ex compañero. El protagonista solo busca tomar de los demás.

    El nuevo vínculo de Agathe y Tomas resulta, cuando menos, opaco. Hay enorme deseo sexual entre ambos, no obstante ella a pesar de saber desde el principio que Tomas y Martin son pareja, en ningún momento se detiene a cuestionar (o cuestionarse) con rigor que está siendo cómplice de alguien que abiertamente y sin tapujos se encuentra rompiendo un compromiso. Tampoco se detiene a meditar sobre lo que Martin puede estar viviendo, simplemente se da al placer.

    Cuando la nueva pareja ha comenzado su andar juntos, el patrón se repite pero ahora de forma inversa, Tomas recurre a Martin en busca de consuelo o apoyo y una de sus visitas a su antiguo hogar termina en un encuentro sexual. La película no manifiesta cuáles pudieron ser aquellos acuerdos previos bajo los que se construyeron el matrimonio entre Tomas y Martin o la nueva relación con Agathe, sin embargo podemos encontrar que a pesar del aparente liberalismo o progresismo de los personajes, se encuentra arraigado en ellos cierto anhelo por estructuras o relaciones más tradicionales, convencionales o incluso conservadoras. Los tres buscan construir una familia y, por lo menos Martin y Agathe, relaciones monógamas.

    Ese ping-pong romántico en el que se inserta Tomas por voluntad propia finaliza con el que para él es el peor de los escenarios: sus dos «parejas» se distancian de él, lo desprecian y rechazan la instrumentalización que hizo de ellas. Para el protagonista ambos eran depositarios de sus emociones, palabras y lujuria. Buscaba placer en una mujer y en un hombre, intelectual y carnal, pero sin comprometerse con ninguno a un encuentro pleno. Passages manifiesta en la pantalla de manera muy cuidada ese vivir en el estadio estético kierkegaardiano, donde se existe para la satisfacción de ciertos apetitos y solo se ve a los demás sin contemplarles, donde son un medio para alcanzar un fin.

  • Jornada 1: La ley de Murphy en el Ciudad de los Deportes

    Jornada 1: La ley de Murphy en el Ciudad de los Deportes

    Vivir el futbol como aficionado es un acto emocional, sin embargo una vez pasada la vivencia de los 90 minutos podemos apostar por la racionalidad para comprender qué ha sucedido. Eso pretende esta columna, dejar la emocionalidad en el tiempo que dura un partido y dar paso a un ejercicio analítico más serio, o por lo menos mesurado.

    El nuevo proyecto con Iván Alonso y Martín Anselmi al mando ha tenido su primer tropiezo ante Pachuca, que si bien es solo eso, un tropiezo, llegó de la peor forma posible. La derrota del sábado, ambientada en un emotivo retorno al estadio Azul, es más cruel de lo esperado porque, como cita el enunciado conocido como ley de Murphy: «si algo puede pasar, va a pasar». ¿Y qué fue lo que aconteció antier? Fallaron los que serían más criticados si eso ocurría.

    El nombre más relevante empapado por el infortunio es Gonzalo Piovi. En todo el barullo por la marcha de Juan Escobar se ha injustamente señalado al argentino como el ocupante del sitio en cancha del capitán, no obstante la evidencia indica que el ex Racing llegó a jugar por la parte izquierda de la defensa, lugar que el paraguayo nunca ocupó desde que está en México. Un pase mal dado del central zurdo terminó en los botines de Salomón Rondón y posteriormente el venezolano mandó el balón a la red para dar el triunfo a Pachuca. A partir de ahí se empezó a legitimar un relato incorrecto que lo va a perseguir por algunas semanas, que es un mal futbolista y le está quitando el lugar que le corresponde a Escobar. No había, hasta ese instante, dado un mal juego Piovi como para ser castigado de esa manera, los abucheos del estadio después de su pifia resultan excesivos.

    El segundo involucrado en esta catarata de infortunio es Gabriel Fernández, el Toro había marcado un par de goles en la misma cantidad de juegos de pretemporada, venía enrachado pero no pudo anotar al primer desafío serio como jugador azul. Antes del medio tiempo tuvo en sus pies la oportunidad de realizar un disparo muy cerca de la línea de gol que sin embargo fue a las tribunas. Cada jugada de ese estilo que no acabe en la red se tornará un rosario de criticas y la presión aumentará dada la cantidad de dinero invertida para sacarlo del Pedregal y llevarlo a La Noria.

    Martín Anselmi también está salpicado de la ley de Murphy. Un entrenador joven, triunfador y valiente es visto como el villano del momento ante la partida de Escobar. Ya sea que  su versión o la trascendida en la prensa sean las que se apeguen a lo que en realidad sucedió, el DT tiene la razón de su lado, sin embargo la emocionalidad de la afición lo castigará mientras los resultados no lleguen, no importa que juegue su equipo de forma intensa y con valentía como el sábado. Después del escándalo del capitán paraguayo solo una victoria podía calmar las aguas y ocurrió todo lo contrario, una derrota con los nuevos actores como principales responsables a los ojos del aficionado.

    Mención aparte a Iván Alonso, quien muy seguramente quería un triunfo ante Pachuca después de la forma en cómo salió del club de Hidalgo y el alboroto mediático que los dirigentes de ese club generaron al pretender exponer el por qué el uruguayo fue cesado (aunque no dijeron nada en sí).

    Repito, hagamos uso de la racionalidad, recordemos cómo inició en Torreón hace 3 años el ciclo de Juan Reynoso y cuál fue su desenlace una noche de finales de mayo en aquel 2021. En contraparte, el proyecto de Diego Aguirre inició con una victoria en San Nicolás de los Garza y finalizó de forma catastrófica, aunque eso sí, no toda la responsabilidad era suya (saludos Jaime Ordiales).

    En fin, el sábado todo lo que podía salir mal, salió mal. En estos momentos lo más sensato es seguir el eslogan de los Sixers de Filadelfia… Trust the Process.