Autor: Ricardo Pérez Yarza

  • Verano 2025

    Verano 2025

    Ha llegado el momento de erigir una pequeña estatua musical, será una representación sonora de lo que es el verano a partir de aquellos temas que han acompañado estos meses. Esta lista tendría que haberse publicado hace bastantes semanas, sin embargo las circunstancias me han obligado a hacerlo cuando la temporada está en sus últimas horas.

    Esta lista inicia con un tema Trance de la que para mí es la época dorada de ese subgénero de la música electrónica, Tuvan, producción de uno de los proyectos alternativos de Armin van Buuren.

    Posteriormente a apreciar esa maravilla, nos bajamos del tren de los beats para entrar en terrenos donde diferentes instrumentos toman protagonismo con cada melodía: flauta y el arpa en –Sadko-, piano –The Way it is-, guitarras acústicas –A Tal Canção pra Lua-, guitarras eléctricas que arañan el shoegaze –Freiburg– y bandoneón –Air Concrete-.

    En la segunda parte de esta travesía sonora regresan los beats, el piano y las guitarras pero con otras texturas, otras formas de interpretar la ejecución de un instrumento. Hay un contraste marcadísimo y que me resulta delicioso entre las reminiscencias celtas que vienen con You Made me the Thief of Your Heart y el folklore de Un Lugar.

    Varios temas de esa lista huelen a petricor, saben a melancolía, a recuerdos de veranos anteriores y a gente con la que me crucé en el camino. Elijo cerrar con Special Needs, resulta imposible no trasladarme a una lluviosa tarde o noche de verano a través de las capas instrumentales que construyen esa canción.

    Tuvan – GAIA

    Sadko (de la ópera Sadko de Nikolai Rimsky-Korsakov) – Nora Mercz, Janos Balint

    The Way it is – Bruce Hornsby and the Range

    A Tal Canção pra Lua – Vitor Kley, Samuel Rosa

    Freiburg – Tocotronic

    Air Concrete – Luciano Superville

    Your Loving Arms – Karen Overton

    You Made me the Thief of Your Heart – Sinéad O’Connor

    The Otherside – The Strokes

    Just Feel Better – Santana Feat. Steven Tyler

    Un Lugar – Julieta Venegas

    La Espera – Sr. González

    Special Needs – Placebo

     

  • Primavera 2025 (II)

    Primavera 2025 (II)

    Segunda lista de reproducción con temas para primavera en este 2025, con esta selección despido la la temporada. En primer lugar apuesto por un «inicio contundente» como lo es I Wanna be Adored de los Stone Roses, canción que abre la discografía de la banda más importante de Manchester junto a los Smiths, con perdón de Oasis. A continuación los acordes magistrales de John Squire y la icónica línea de bajo de Mani se transforman en un reggae brasileño cortesía del paulista Rael. Los ritmos afrocaribeños de las Antillas anglófonas acompañan a la perfección los días soleados de estas fechas.

    En tercer sitio se coloca la versión acústica de Búscame un tiempo de Fratta, músico con larga trayectoria en el panorama mexicano. Del obligo de la luna pasamos a Suiza, donde el grupo Mañana nos aborda con un tema muy en el estilo del rock alternativo o indie de principios de siglo y que inevitablemente rememora al mejor Coldplay, el de Parachutes y A Rush of Blood to the Head.

    En un regreso a México vamos con Fobia y uno de los infaltables de su repertorio, Pudriendo. Las guitarras ceden un poco en los riffs ante el puntilleo y los sintetizadores pero se mantiene un velo musical que envuelve la atmósfera de gloria noventera. Posteriormente con Os Paralamas continuamos en ese ambiente, ahora rememorando los tempranos 80 a través de Lanterna dos afogados. A continuación esa década se sigue haciendo presente con el tema insignia de Genesis en la etapa bajo el liderazgo de Phil Collins. Esta canción se hace hueco en esta compilación ya que hace seis años, en 2019, una tarde de sábado me invitaron a una fiesta y en el trayecto escuchaba la canción pensando en quien me había convidado. No lo sabía en ese entonces, pero ya sentía algo por esa persona.

    Llegado el momento de romper el ritmo para no caer en monotonía he decidido que aparezca una genialidad de Limp Bizkit como My Way para inmediatamente volver a mutar el mood con un dulce tema de The Jesus and Mary Chain. Just my Imagination aparece con la inigualable voz de Dolly O’Riordan y la guitarra de Noel Hogan que nos llevan a campo de flores acústico. A continuación la jamaiquina Grace Jones deleita con su versión de La vie en Rose y Amedeo Minghi nos abraza con una reflexiva canción que describe la alienación producida por los medios masivos de comunicación.

    Para finalizar They don’t know you like i do  de los Imagine Dragons nos despide y da paso a solsticio de verano en el que otras canciones geniales habrán de acompañarnos.

     

    I Wanna be Adored – The Stone Roses

    Flor de Aruanda – Citação: Feminina – Rael

    Búscame un tiempo (Versión acústica) – Fratta

    Miss Evening – Mañana

    Pudriendo – Fobia

    Lanterna dos afogados – Os Paralamas do Succeso

    Invisible Touch – Genesis

    My Way – Limp Bizkit

    Darklands – The Jesus & Mary Chain

    Just my imagination – The Cranberries

    La vie en rose – Grace Jones

    Teledipendenti indifferenti – Amedeo Minghi

    They don’t know you like i do – Imagine Dragons

  • A different man (Aaron Schimberg): Cuando cambiar el rostro no basta para reinventar el alma.

    A different man (Aaron Schimberg): Cuando cambiar el rostro no basta para reinventar el alma.

    Ni duda cabe que The Substance (Coralie Fargeat) fue una de las películas que protagonizaron la discusión pública sobre cine en el 2024 y las primeras semanas de 2025, siendo estas últimas las que acogen la denominada «temporada de premios» en la industria del entretenimiento. Protagonizada por Demi Moore, esta cinta explora críticamente al mundo de la farándula y el ideal físico y conductual promovido desde la trinchera de Hollywood.

    En comparación con ese filme, A different man de Aaron Schimberg tuvo una repercusión mediática mucho más discreta a pesar de compartir semejanzas en los temas abordados. Ambas encaran el condicionamiento de la propia percepción personal sujeta a la dominación de ciertos discursos de índole estético. A diferencia de la película de Coralie Fargeat, que centra su meditación sobre el «ser deseable» desde el mundo del glamour y el jet set de Los Ángeles, Schimberg lo hace desde el polo opuesto; nos sitúa en la crudeza de una vida aparentemente exenta de admirabilidad y ambientada en Nueva York.

    Edward (Sebastian Stan) es un hombre adulto que vive solo en su departamento de la Gran Manzana. Su única compañía es la neurofibromatosis que padece, enfermedad que le deforma el rostro de manera brutal y con ello también se ven perjudicadas su autoestima y confianza -en sí mismo y en el mundo-. En pantalla no se revela mucho sobre su modus vivendi, solo se nos presenta que como actor interpreta un efímero papel en un video instruccional sobre la interacción con compañeros de trabajo que sufren de dicha afección. La aparición de Ingrid (Renate Reinsve), una dramaturga en ciernes que se muda al apartamento de junto, representará para Edward una nueva ventana al exterior. Ella se interesa realmente por su persona, no ve en él al depositario de burlas o una fuente que le inspire repulsión, sino alguien a quien conocer y cosas qué contar; es un misterio a revelarse.

    La interacción entre ambos desemboca en sentimientos bondadosos del uno hacia el otro, aunque no tan profundos y tampoco muy explícitos. Simultáneamente el protagonista forma parte de una serie de procedimientos médicos de prueba que prometen contrarrestar significativamente el impacto de la enfermedad en su rostro. El tratamiento experimental tiene éxito y Edward se hace poseedor de un nueva cara. Sepulta —o mejor dicho, ‘suicida’— la identidad que había encarnado toda su vida. Su andar por el mundo cambia y de ser una persona repulsiva o repugnante, en el ámbito más superficial, pasa a ser deseable.

    El azar y las calles de Nueva York lo reencuentran con Ingrid, que desconoce su anterior identidad, y quien está montando una pequeña obra teatral inspirada en los primeras interacciones que tuvieron previo a la transformación física de Edward. Guy, como ahora se hace llamar el protagonista, se percata que la dramaturga ha «plagiado» su historia para contarla sobre un escenario y percibe en esta serie de acontecimientos un vínculo con su pasado como «indeseable» así como con la persona que lo contempló sin repulsión. Su relación, devenida en profesional y personal -formando un vínculo romántico-, irá estrechándose hasta la aparición de Oswald (Adam Pearson, actor británico que padece neurofibromatosis), un carismático hombre que padece la misma enfermedad y conserva la deformación en su rostro. La irrupción de este en el mundo de Guy se convierte en un obstáculo en su afán de volver a conectar con su pasado como Edward así como para continuar su vinculación personal y profesional con Ingrid.

    Oswald, aún con su rostro deforme, se revela como lo que Guy/Edward no pudo ser: extrovertido y sin miedo a desenvolverse en el mundo. A pesar de ahora tener un rostro deseable, el protagonista sigue recluido en la prisión de sus miedos, inseguridades y prejuicios sobre sí mismo. El cambio de faz no lo ha hecho deseable. La cinta en este punto explora a dos personajes: uno que cambió en apariencia pero no en los rasgos estructurales de su ethos, y a otro que hizo de la conducta y amor por la vida su vía de escape a la trampa de la validación estética. En otro nivel hallamos a Ingrid, dispuesta a renunciar a las convenciones estéticas dominantes en afán de construir vínculos significativos y que al mismo tiempo está dispuesta a apropiarse de una historia que no es la de ella.

    La cinta pone en escena el papel de la convicción, la libertad y el carácter como herramientas para superar aparentes determinismos, en este caso de índole biológica, a través de una representación idealizada en el personaje de Oswald. En contraste, Edward encarna las consecuencias de un mundo severo con quienes no logran insertarse en los parámetros estéticos de lo deseable. El filme también nos invita a ponderar moralmente el actuar de Ingrid, quien se adueña de una vida de soledad y dolor con el fin de representarla en el escenario. La reflexión que propone Schimberg puede ampliarse hacia otras formas de determinismo, como el económico, que puede ser tan devastador para el alma humana como la fealdad más explícita.