Quien me conozca con un poco de cercanía sabe que, cuando escribo esto la primera semana de Julio de 2021, me encuentro finalizando una maestría y en concreto la especialidad en Antropología Educativa. Conforme he ido avanzando en el conocimiento de este tema me he ido interesando paulatinamente por cuestiones relacionadas al ámbito educativo como la Pedagogía, Psicología además de mi ya sabido interés en la Filosofía.

 

Los últimos meses he tratado de instruirme en aspectos culturales y sociales así como en su relación con los procesos de enseñanza-aprendizaje. En concreto, después de ver el documental de Netflix titulado El Dilema de las Redes Sociales, he reflexionado sobre la influencia en el rendimiento escolar que tiene el acceso de los estudiantes jóvenes al social media y más concretamente el fenómeno del ciberbullying.

 

Así, con ayuda del Google Académico, Scielo y demás herramientas de búsqueda de información especializada me he puesto a revisar artículos científicos que me ayuden a comprender la dimensión del problema del acoso cibernético para yo tratar de formarme un juicio y saber de qué forma una niña, un niño o cualquier adolescente ve su formación perjudicada por ser víctimas de esa indeseable realidad.

 

Para infortunio de esta investigación amateur, pero para alivio del mundo, no conozco a nadie que tenga hijos en edad de acceso a redes y que padezcan este mal de la infancia-adolescencia, uno que en la última década ha sido estudiado y analizado con mayor rigor. No soy psicólogo pero me gustaría saber del testimonio de alguien que sea víctima, vía tecnologías de la información, del acoso. Esto con el fin de saber cómo se tendría que modificar un proceso de enseñanza-aprendizaje para ayudar a “sanar” a ese pequeño o pequeña o, como marxista que soy, conocer en qué grado la estructura económica de la sociedad juega un papel preponderante o menor en este fenómeno.

 

Primer acercamiento

 

El 15 de junio me encontraba en la agencia funeraria Gayosso de Av. Félix Cuevas en la «despedida» de un tío, por la tarde alrededor de las 4PM, mi familia extendida (parientes) decidió ir rápidamente por algo de comer y fueron a una cafetería Starbucks, ubicada dentro de un pequeño centro comercial a unas cuadras de ahí, por sándwiches y bebidas. Los acompañé.

 

De regreso decidimos comer y beber lo que se había comprado en un parque localizado casi frente a la funeraria. Busqué una banca donde sentarme solo y encontré una donde pude engullir mi panini de jamón y un té chai. De la nada se acercó un niño que vendía cuarzos a cambio de cooperación voluntaria y al tener 20 pesos decidí dárselos, él me entregó dos de sus piedras.

 

Comenzamos a hablar y me dijo que tiene 12 años, que su mamá se fue de su casa y regalaron a su mascota, que vive con su papá y que hay una niña de su escuela que es su amiga, que le gusta, pero no sabe cómo hacérselo saber. Soy la persona menos adecuada para dar consejos de seducción pero traté de decirle lo más sensato que pude: “trátala bien, no la hostigues, trata bien a las demás personas porque a tu amiga muy seguramente no le gustaría verte tratando mal a alguien con tal de impresionarla, respétala pero sobretodo quiérete a ti mismo”. Continuamos charlando y me dijo que con los lentes puestos parecía John Lennon y que tengo pinta de escritor. Agregó que siente que le hacen bullying porque no le gusta molestar a nadie de su clase. 

 

Le agradecí los cumplidos a mi persona y tras varios minutos conversando me regresé al funeral. Me dijo que le gustaría que fuera su maestro algún día en la prepa y yo le mencioné el valor que la gratitud puede tener en nuestras vidas.

 

No me atreví a preguntarle cómo lleva eso del acoso, las redes sociales o si le habían hecho bullying a través de ellas. Sentí que la oportunidad se me fue pero pensé que lo más correcto era no abrir hipotéticas heridas de desconocidos, y menos aún de niños y adolescentes.

 

El futbol entra en acción

 

6 de julio de 2021, me encuentro viendo por la televisión un partido de futbol, Italia vs España. Se juega en Londres y son las semifinales de la Eurocopa, voy con Italia que empieza ganando y todo pinta muy bien. Mientras veo el juego hago una tarea de la maestría y bebo mate. Unos minutos antes del final cae el empate de España y el delantero Álvaro Morata festeja imitando la icónica celebración de Kiko Narváez, delantero de la selección española y del Atlético de Madrid en los 90-2000.

 

En la PC tengo abierto Twitter y veo que Cuauhtémoc Blanco es tema tendencia. ¿Qué habrá pasado para que el actual gobernador del Estado de Morelos sea trending topic? ¿Alguna declaración desafortunada? ¿Algún anuncio importante? ¿Algún blooper? Procedo a ver. Nada tiene que ver con la política, la gente está comentando que Álvaro Morata hizo homenaje al Cuau en su celebración de gol, algunos se ven en broma, pero muchos lo ponen en serio.

 

Acabo mi tarea y procedo a escribir un tuit que aclara que la celebración del Cuau se inspiró en la de Kiko y sumo a un par de mensajes irónicos como que los mexicanos ”tienen menos futbol que Disney Channel” anexo una foto y lo envío. No tiene destinatario, simplemente ironizo con la ingenuidad de algunos que piensan que el futbol mexicano es el centro del mundo cuando estamos mucho más cerca de la periferia.

 

 

 

No espero nada de mi tuit, nunca he escrito algo que llegue a más de 10 likes y no aspiro a ser influencer ni popular en redes sociales. Simplemente descargo con ironía que se piense con seriedad algo que evidente es falso, muchos lo desconocen y otros tantos no.

 

Dejo ahí la computadora y continúo viendo el juego, se van a penales y mi teléfono empieza a mostrar notificaciones de forma repetida. No sé qué demonios pasa y abro la app de Twitter, veo que hay likes pero sobretodo respuestas, la gran mayoría de forma sarcástica dicen que la información que compartí nadie me la pidió y que era algo tan conocido que sobraba decirlo. La cosa cambia cuando veo que alguno me llamó maricón, otro hizo mención de la anatomía demi madre y algunos más con diversa temática me puteaban. Le respondí a unos pocos y lo dejé así, sé qué lo mejor es no engancharse y si algo he intentado aprender de los filósofos estoicos es a mantener la imperturbabilidad del alma.

 

Entonces me acordé de mi tema de investigación y pensé “claro, algo así pero mucho más violento y constante debe pasar con los chicos”. Y es que el ciberbullying es con seguridadalgo mucho más intenso. Como sea yo soy un adulto de tres décadas que sabe un poquito de cómo puede llegar a ser la gente, en especial los mexicanos, y sobretodo cómo se suelen comportar detrás de un monitor protegidos por el anonimato y la distancia, pero muchos niños, niñas y jóvenes no lo saben y menos tienen idea de cómo reaccionar al respecto.

 

No olvidemos que el bullying y su variante cibernética no son otra cosa más que manifestaciones de violencia y al respecto el artículo Prevalencia y consecuencias del cyberbullying: una revisión, de Maite Garaigordobil, publicado en elInternational Journal of Psychology and Psychological Therapy nos dice lo siguiente:

 

Cuando la violencia afecta a niños, niñas y adolescentes la malignidad de la situación es aún mayor. Cualquier niño, niña o adolescente víctima o testigo de un acto violento, además de sufrir la consecuencia dolorosa inmediata, interioriza una experiencia negativa mediante la cual aprende el mecanismo de la conducta violenta.

 

La autora nos relata cuáles podrían ser las consecuencias del ciberbullying: Todos los implicados en situaciones de maltrato, en cualquiera de los roles, están en mayor situación de riesgo de sufrir desajustes psicosociales y trastornos psicopatológicos en la adolescencia y en la vida adulta, que los chicos y chicas no implicados”.

 

Concretamente, Garaigordobilnos dice que quienes sufrenciberbullying:

 

  • Pueden experimentar depresión, ansiedad, ideación suicida, estrés, miedo, baja autoestima, falta de confianza en sí mismos, sentimientos de ira y frustración, sentimientos de indefensión, nerviosismo, irritabilidad, somatizaciones, trastornos del sueño y dificultades para concentrarse que pueden desencadenar un fracaso escolar.

     

     

  • Sufren el mismo o incluso mayor daño psicológico debido a que la información lesiva está disponible para todo el mundo las 24 horas del día, los acosadores con frecuencia son anónimos, el proceso de victimización es continuo e inevitable, la mayoría de las veces es muy difícil eliminar el material publicado y suele estar accesible de forma pública durante largos períodos de tiempo.

  • Los adolescentes suelen ser reticentes a hablar con los adultos sobre el abuso que están sufriendo debido al trauma emocional, a que piensan que es culpa suya, por miedo a posibles “venganzas”, o la preocupación porque se les restrinja el uso de internet o del teléfono móvil.

  • En su punto más extremo puede llevar al suicidio y a la violencia juvenil.

 

Por su parte la investigación nos dice respecto a los agresores que:

 

  • Tienen mayor probabilidad de desconexión moral, falta de empatía, dificultades de acatamiento de las normas, problemas por su comportamiento agresivo, conducta delictiva, ingesta de alcohol y drogas, dependencia de las tecnologías y absentismo escolar.

 

Asimismoseñala que ambos, agredidos y agresores:

 

  • Están en situación de riesgo de tener problemas de desarrollo que pueden persistir en la edad adulta.

 

¿Quién nos asegura que los cibernautas que por algo tan mundano como un tuit de futbol se metieron a insultarme no tienen este patrón de conducta con sus cercanos, peor aún si son niñas, niños o adolescentes? ¿Quién nos garantiza que estos mismos tipos no le están dando ese ejemplo a sus hijas e hijos o tienen algún menor que imite su comportamiento?

 

Como mencioné con anterioridad, yo soy un adulto que de alguna forma sabe lidiar con estas situaciones y poseo las condiciones o medios de vida, además de círculos sociales íntimos, que me permiten mantener una salud mental más o menos estable. Sin embargo esto podría no ser así. Las enseñanzas de Séneca, Epicuro o Marco Aurelio por un lado y el trabajo de Daniel Goleman por el otro me dan herramientas para sobrellevar situaciones así, su obra está presente en mi vida, pero no todo mundo tiene por qué haber leído Filosofía o Psicología.

 

¿Qué tal si hubiera sido yo una persona que la está pasando mal y en descargo hago público ese tuit irónico porque algo a mi alrededor no está funcionando de manera óptima? Nada le asegura a mis bullies de hoy que yo pueda tener la suficiente inteligencia emocional para saber lidiar con los estímulos violentos que me hacen llegar.

 

La generación nacida alrededor del año 2000 es la primera que desde su pubertad y adolescencia tiene a las redes sociales globales como Facebook y Twitter integradas en su vida y el contexto coyuntural de lapandemia incrementa la dependencia de ellaspara tener contacto con el mundo exterior estando obligados a mantenerse resguardos.

 

A ello sumemos que desde la segunda década de este siglo estamos viviendo un periodode adaptación a nuestra cotidianidad de las redes que se metieron a nuestros bolsillos (cortesía del desarrollo del 4G) y viendo cuál será su rol en el proceso comunicativo de nuestro día a día para los siguientes lustros o décadas. 

 

Existe cierta idea absurda y peligrosa de que las redes sociales son una especie de octágono de Artes Marciales Mixtas donde «se vale todo» a la hora de comunicarnos, llámese insultar, ofender, responder sin que te hayan considerado en la conversación, enviar archivos indeseados, etc. ¿Si en nuestras vidas análogas no aceptamos esa especie de libertinaje, por qué sí en su extensión digital? ¿No estamos cayendo en un contradicción ética muy fuerte al hacerlo así?   

 

Pensar que quien construye un personaje violento en las redes puede ser diferente en la pantalla en comparación con “su vida real” resulta ingenuo y falso. Nuestras vidas y lo que somos es el resultado de lo que hacemos todos los días a cada instante, por lo tanto nuestra identidad digital es parte IRRENUNCIABLE de nuestro ser nos guste o no. Un país marcado por la violencia desde que se fundó no está para trasladar la violencia de lo análogo a lo virtual, quizás si hacemos el esfuerzo por cambiar en la arena digital nos resulte más fácil construir una sociedad pacífica en el plano tangible y le demos a niñas, niños y jóvenes la posibilidad de tener una vida más plena, abundante, pacífica… en resumen más bonita.

 

 

Fuentes:

Garaigordobil, M., Prevalencia y consecuencias del cyberbullying: una revisión, International Journal of Psychology and PsychologIcal Therapy 2011, 11, 2, pp. 233-254

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