Categoría: Golpe de Martillo

  • El día que Internet me puteó (o un leve acercamiento al ciberbullying y lecciones al respecto)

    El día que Internet me puteó (o un leve acercamiento al ciberbullying y lecciones al respecto)

    Quien me conozca con un poco de cercanía sabe que, cuando escribo esto la primera semana de Julio de 2021, me encuentro finalizando una maestría y en concreto la especialidad en Antropología Educativa. Conforme he ido avanzando en el conocimiento de este tema me he ido interesando paulatinamente por cuestiones relacionadas al ámbito educativo como la Pedagogía, Psicología además de mi ya sabido interés en la Filosofía.

     

    Los últimos meses he tratado de instruirme en aspectos culturales y sociales así como en su relación con los procesos de enseñanza-aprendizaje. En concreto, después de ver el documental de Netflix titulado El Dilema de las Redes Sociales, he reflexionado sobre la influencia en el rendimiento escolar que tiene el acceso de los estudiantes jóvenes al social media y más concretamente el fenómeno del ciberbullying.

     

    Así, con ayuda del Google Académico, Scielo y demás herramientas de búsqueda de información especializada me he puesto a revisar artículos científicos que me ayuden a comprender la dimensión del problema del acoso cibernético para yo tratar de formarme un juicio y saber de qué forma una niña, un niño o cualquier adolescente ve su formación perjudicada por ser víctimas de esa indeseable realidad.

     

    Para infortunio de esta investigación amateur, pero para alivio del mundo, no conozco a nadie que tenga hijos en edad de acceso a redes y que padezcan este mal de la infancia-adolescencia, uno que en la última década ha sido estudiado y analizado con mayor rigor. No soy psicólogo pero me gustaría saber del testimonio de alguien que sea víctima, vía tecnologías de la información, del acoso. Esto con el fin de saber cómo se tendría que modificar un proceso de enseñanza-aprendizaje para ayudar a “sanar” a ese pequeño o pequeña o, como marxista que soy, conocer en qué grado la estructura económica de la sociedad juega un papel preponderante o menor en este fenómeno.

     

    Primer acercamiento

     

    El 15 de junio me encontraba en la agencia funeraria Gayosso de Av. Félix Cuevas en la «despedida» de un tío, por la tarde alrededor de las 4PM, mi familia extendida (parientes) decidió ir rápidamente por algo de comer y fueron a una cafetería Starbucks, ubicada dentro de un pequeño centro comercial a unas cuadras de ahí, por sándwiches y bebidas. Los acompañé.

     

    De regreso decidimos comer y beber lo que se había comprado en un parque localizado casi frente a la funeraria. Busqué una banca donde sentarme solo y encontré una donde pude engullir mi panini de jamón y un té chai. De la nada se acercó un niño que vendía cuarzos a cambio de cooperación voluntaria y al tener 20 pesos decidí dárselos, él me entregó dos de sus piedras.

     

    Comenzamos a hablar y me dijo que tiene 12 años, que su mamá se fue de su casa y regalaron a su mascota, que vive con su papá y que hay una niña de su escuela que es su amiga, que le gusta, pero no sabe cómo hacérselo saber. Soy la persona menos adecuada para dar consejos de seducción pero traté de decirle lo más sensato que pude: “trátala bien, no la hostigues, trata bien a las demás personas porque a tu amiga muy seguramente no le gustaría verte tratando mal a alguien con tal de impresionarla, respétala pero sobretodo quiérete a ti mismo”. Continuamos charlando y me dijo que con los lentes puestos parecía John Lennon y que tengo pinta de escritor. Agregó que siente que le hacen bullying porque no le gusta molestar a nadie de su clase. 

     

    Le agradecí los cumplidos a mi persona y tras varios minutos conversando me regresé al funeral. Me dijo que le gustaría que fuera su maestro algún día en la prepa y yo le mencioné el valor que la gratitud puede tener en nuestras vidas.

     

    No me atreví a preguntarle cómo lleva eso del acoso, las redes sociales o si le habían hecho bullying a través de ellas. Sentí que la oportunidad se me fue pero pensé que lo más correcto era no abrir hipotéticas heridas de desconocidos, y menos aún de niños y adolescentes.

     

    El futbol entra en acción

     

    6 de julio de 2021, me encuentro viendo por la televisión un partido de futbol, Italia vs España. Se juega en Londres y son las semifinales de la Eurocopa, voy con Italia que empieza ganando y todo pinta muy bien. Mientras veo el juego hago una tarea de la maestría y bebo mate. Unos minutos antes del final cae el empate de España y el delantero Álvaro Morata festeja imitando la icónica celebración de Kiko Narváez, delantero de la selección española y del Atlético de Madrid en los 90-2000.

     

    En la PC tengo abierto Twitter y veo que Cuauhtémoc Blanco es tema tendencia. ¿Qué habrá pasado para que el actual gobernador del Estado de Morelos sea trending topic? ¿Alguna declaración desafortunada? ¿Algún anuncio importante? ¿Algún blooper? Procedo a ver. Nada tiene que ver con la política, la gente está comentando que Álvaro Morata hizo homenaje al Cuau en su celebración de gol, algunos se ven en broma, pero muchos lo ponen en serio.

     

    Acabo mi tarea y procedo a escribir un tuit que aclara que la celebración del Cuau se inspiró en la de Kiko y sumo a un par de mensajes irónicos como que los mexicanos ”tienen menos futbol que Disney Channel” anexo una foto y lo envío. No tiene destinatario, simplemente ironizo con la ingenuidad de algunos que piensan que el futbol mexicano es el centro del mundo cuando estamos mucho más cerca de la periferia.

     

     

     

    No espero nada de mi tuit, nunca he escrito algo que llegue a más de 10 likes y no aspiro a ser influencer ni popular en redes sociales. Simplemente descargo con ironía que se piense con seriedad algo que evidente es falso, muchos lo desconocen y otros tantos no.

     

    Dejo ahí la computadora y continúo viendo el juego, se van a penales y mi teléfono empieza a mostrar notificaciones de forma repetida. No sé qué demonios pasa y abro la app de Twitter, veo que hay likes pero sobretodo respuestas, la gran mayoría de forma sarcástica dicen que la información que compartí nadie me la pidió y que era algo tan conocido que sobraba decirlo. La cosa cambia cuando veo que alguno me llamó maricón, otro hizo mención de la anatomía demi madre y algunos más con diversa temática me puteaban. Le respondí a unos pocos y lo dejé así, sé qué lo mejor es no engancharse y si algo he intentado aprender de los filósofos estoicos es a mantener la imperturbabilidad del alma.

     

    Entonces me acordé de mi tema de investigación y pensé “claro, algo así pero mucho más violento y constante debe pasar con los chicos”. Y es que el ciberbullying es con seguridadalgo mucho más intenso. Como sea yo soy un adulto de tres décadas que sabe un poquito de cómo puede llegar a ser la gente, en especial los mexicanos, y sobretodo cómo se suelen comportar detrás de un monitor protegidos por el anonimato y la distancia, pero muchos niños, niñas y jóvenes no lo saben y menos tienen idea de cómo reaccionar al respecto.

     

    No olvidemos que el bullying y su variante cibernética no son otra cosa más que manifestaciones de violencia y al respecto el artículo Prevalencia y consecuencias del cyberbullying: una revisión, de Maite Garaigordobil, publicado en elInternational Journal of Psychology and Psychological Therapy nos dice lo siguiente:

     

    Cuando la violencia afecta a niños, niñas y adolescentes la malignidad de la situación es aún mayor. Cualquier niño, niña o adolescente víctima o testigo de un acto violento, además de sufrir la consecuencia dolorosa inmediata, interioriza una experiencia negativa mediante la cual aprende el mecanismo de la conducta violenta.

     

    La autora nos relata cuáles podrían ser las consecuencias del ciberbullying: “Todos los implicados en situaciones de maltrato, en cualquiera de los roles, están en mayor situación de riesgo de sufrir desajustes psicosociales y trastornos psicopatológicos en la adolescencia y en la vida adulta, que los chicos y chicas no implicados”.

     

    Concretamente, Garaigordobilnos dice que quienes sufrenciberbullying:

     

    • Pueden experimentar depresión, ansiedad, ideación suicida, estrés, miedo, baja autoestima, falta de confianza en sí mismos, sentimientos de ira y frustración, sentimientos de indefensión, nerviosismo, irritabilidad, somatizaciones, trastornos del sueño y dificultades para concentrarse que pueden desencadenar un fracaso escolar.

       

       

    • Sufren el mismo o incluso mayor daño psicológico debido a que la información lesiva está disponible para todo el mundo las 24 horas del día, los acosadores con frecuencia son anónimos, el proceso de victimización es continuo e inevitable, la mayoría de las veces es muy difícil eliminar el material publicado y suele estar accesible de forma pública durante largos períodos de tiempo.

    • Los adolescentes suelen ser reticentes a hablar con los adultos sobre el abuso que están sufriendo debido al trauma emocional, a que piensan que es culpa suya, por miedo a posibles “venganzas”, o la preocupación porque se les restrinja el uso de internet o del teléfono móvil.

    • En su punto más extremo puede llevar al suicidio y a la violencia juvenil.

     

    Por su parte la investigación nos dice respecto a los agresores que:

     

    • Tienen mayor probabilidad de desconexión moral, falta de empatía, dificultades de acatamiento de las normas, problemas por su comportamiento agresivo, conducta delictiva, ingesta de alcohol y drogas, dependencia de las tecnologías y absentismo escolar.

     

    Asimismoseñala que ambos, agredidos y agresores:

     

    • Están en situación de riesgo de tener problemas de desarrollo que pueden persistir en la edad adulta.

     

    ¿Quién nos asegura que los cibernautas que por algo tan mundano como un tuit de futbol se metieron a insultarme no tienen este patrón de conducta con sus cercanos, peor aún si son niñas, niños o adolescentes? ¿Quién nos garantiza que estos mismos tipos no le están dando ese ejemplo a sus hijas e hijos o tienen algún menor que imite su comportamiento?

     

    Como mencioné con anterioridad, yo soy un adulto que de alguna forma sabe lidiar con estas situaciones y poseo las condiciones o medios de vida, además de círculos sociales íntimos, que me permiten mantener una salud mental más o menos estable. Sin embargo esto podría no ser así. Las enseñanzas de Séneca, Epicuro o Marco Aurelio por un lado y el trabajo de Daniel Goleman por el otro me dan herramientas para sobrellevar situaciones así, su obra está presente en mi vida, pero no todo mundo tiene por qué haber leído Filosofía o Psicología.

     

    ¿Qué tal si hubiera sido yo una persona que la está pasando mal y en descargo hago público ese tuit irónico porque algo a mi alrededor no está funcionando de manera óptima? Nada le asegura a mis bullies de hoy que yo pueda tener la suficiente inteligencia emocional para saber lidiar con los estímulos violentos que me hacen llegar.

     

    La generación nacida alrededor del año 2000 es la primera que desde su pubertad y adolescencia tiene a las redes sociales globales como Facebook y Twitter integradas en su vida y el contexto coyuntural de lapandemia incrementa la dependencia de ellaspara tener contacto con el mundo exterior estando obligados a mantenerse resguardos.

     

    A ello sumemos que desde la segunda década de este siglo estamos viviendo un periodode adaptación a nuestra cotidianidad de las redes que se metieron a nuestros bolsillos (cortesía del desarrollo del 4G) y viendo cuál será su rol en el proceso comunicativo de nuestro día a día para los siguientes lustros o décadas. 

     

    Existe cierta idea absurda y peligrosa de que las redes sociales son una especie de octágono de Artes Marciales Mixtas donde «se vale todo» a la hora de comunicarnos, llámese insultar, ofender, responder sin que te hayan considerado en la conversación, enviar archivos indeseados, etc. ¿Si en nuestras vidas análogas no aceptamos esa especie de libertinaje, por qué sí en su extensión digital? ¿No estamos cayendo en un contradicción ética muy fuerte al hacerlo así?   

     

    Pensar que quien construye un personaje violento en las redes puede ser diferente en la pantalla en comparación con “su vida real” resulta ingenuo y falso. Nuestras vidas y lo que somos es el resultado de lo que hacemos todos los días a cada instante, por lo tanto nuestra identidad digital es parte IRRENUNCIABLE de nuestro ser nos guste o no. Un país marcado por la violencia desde que se fundó no está para trasladar la violencia de lo análogo a lo virtual, quizás si hacemos el esfuerzo por cambiar en la arena digital nos resulte más fácil construir una sociedad pacífica en el plano tangible y le demos a niñas, niños y jóvenes la posibilidad de tener una vida más plena, abundante, pacífica… en resumen más bonita.

     

     

    Fuentes:

    Garaigordobil, M., Prevalencia y consecuencias del cyberbullying: una revisión, International Journal of Psychology and PsychologIcal Therapy 2011, 11, 2, pp. 233-254

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  • Enrique Olvera y el derecho a la contemplación estética

    Enrique Olvera y el derecho a la contemplación estética

    Fachada del restaurante Pujol, CDMX. Foto: wineandfoodfest.com

     

    La reciente colaboración de Enrique Olvera con el diario Reforma, en forma de columna invitada y publicada el pasado 9 de agosto, ha generado diversas reacciones al punto que se ha posicionado como tema tendencia en Twitter, lo que en términos angloparlantes se denomina trending topic.

    El texto del reconocido chef (que puede leerse aquí), propietario del restaurante Pujol ubicado en la capital mexicana, tiene en primera instancia (desde mi perspectiva obviamente) dos posibles lecturas desde el ámbito de las humanidades, aunque el autor las pondera como indisolubles: la primera es referente al espectro de la Estética y la segunda al de la Política. Por mi parte me enfocaré solo en ese primer aspecto.

     La columna arranca narrando algunos de los factores a sortear en la búsqueda de construir su obra, dentro del contexto de la gastronomía mexicana. Allí aparece entonces la primera declaración respecto a la libertad creativa.

    «…sentimos siempre la necesidad de que nuestro comensal respetara la creatividad invertida y las múltiples noches sin sueño que representaba hacer nuestros propios platos. Varios de nuestros clientes nos pedían chiles toreados para el fettuccini, que cuidadosamente salteábamos à la minute en una cremosa salsa de langosta perfumada con un poco de jerez fino. Con sus inconcebibles peticiones lograban desatar la furia de los cocineros, chefs y sous chefs, incluyéndome».

     

    Es comprensible el enfado de los creadores al ser solicitados elementos que deformarían por completo la obra original, después de todo, la Gastronomía es en sí misma la disciplina que busca generar experiencias estéticas a través del gusto, así como la pintura lo es mediante la vista y la música vía el oído.

    Olvera y su equipo utilizan la cocina, así como el pintor su estudio o el músico la sala de ensayos, para ejercer la que quizás es la única actividad del quehacer humano donde somos libres, o aspiramos a serlo en mayor medida, me refiero al arte. Los cocineros y chefs tienen toda la razón desde la perspectiva del artista al alegar que su obra está siendo modificada contra su voluntad buscando alterar el sentido original que la llevó a ser creada.

    ¿Cómo habría reaccionado Picasso si alguien le hubiera sugerido dotar de color al Guernica dado que las tonalidades blanco y negro que proliferan en el célebre cuadro le parecen lúgubres? En una respuesta muy amable, el genio andaluz le habría respondido que esa era precisamente la intención original de la obra, proyectar devastación. En el mismo sentido los comensales de Pujol podrían ser instruidos acerca del fin de la obra, que es causar cierta experiencia estética en ellos y no buscar transformarla a conveniencia.

    Posteriormente el mismo Olvera acepta que con el llegar del prestigio las solicitudes para modificar su obra fueron cesando y tanto él como su equipo las fueron asimilando con mayor sabiduría: Con el pasar de los años y el reconocimiento adquirido, esas disparatadas peticiones se fueron extinguiendo. Y también al paso de esos mismos años se fue matizando nuestra reticencia a solicitudes especiales.

    Posteriormente el chef señala que es deber suyo cuidar e instruir a sus clientes y en este punto emplaza su colaboración en Reforma hacia un espectro político que no tocaré en este texto, pero que en definitiva puedo señalar no estoy de acuerdo en su posicionamiento.

    De vuelta al ámbito estético, la sociedad líquida es aquel modelo social que abandonó la preponderancia en los productores y se enfocó en los consumidores, como bien lo detalló Zygmunt Bauman. Esto, en otras palabras, es que los seres humanos valemos ahora en el mundo por lo que somos capaces de consumir y no por lo que hemos producido o somos capaces de producir. Quizás ahí radique parte de nuestra soberbia postmoderna en la que nos creemos libres o con la autoridad de corregir a cualquiera solo porque hemos pagado dinero por algo.

    Al asistir a un restaurante, de la categoría que sea, en términos de Epicuro acudimos en primera instancia a saciar un placer natural y necesario, alimentarnos. No obstante, también lo hacemos para acceder a una experiencia estética mediante el gusto. No solo somos consumidores, también somos espectadores los cuales buscan contemplar a través del paladar.

    En el ámbito de la música un compositor crea su obra a partir de sus propias inquietudes o necesidades espirituales y no interviene el deseo del público por cambiar X o Y acorde o tal entonación. ¿Por qué el arte culinario no puede ser visto de la misma forma? Ser sujetos de consumo no nos exime de ser también espectadores de un montón de manifestaciones originales de un ser humano que buscan generar una experiencia estética determinada.

    ¿Se imagina usted corrigiéndole la plana a Shakespeare cambiando la psicología de sus personajes para que se amolden a su gusto particular? ¿Se imagina usted haciéndole correcciones a un cuadro de Monet o El Bosco para que sea más de su agrado? ¿Si no lo haríamos con ellos, por que sí con otro tipo de expresiones estéticas como lo pueden ser las manifestadas a través de la comida? Cabe señalar además que Pujol es un restaurante al que se asiste a vivir una experiencia culinaria en sí misma y no a satisfacer una necesidad humana como saciar el hambre.

    La sociedad de consumo tiene un eslogan muy asimilado que refiere a que «el cliente siempre tiene la razón», sin embargo se nos olvida que no solo somos clientes, también somos espectadores y el artista tiene también el derecho a expresar su ser como a él le resulte más conveniente, después de todo, la creación artística es el último refugio de la libertad en el ser humano.

  • Ayahuasca para el dolor de estómago (parte II)

    Ayahuasca para el dolor de estómago (parte II)

    La medicina

    La primera ceremonia de Ayahuasca a la que me invitaron fue el 23 de febrero de 2019, no asistí pero recuerdo aquel día. Ese sábado tuve clases de posgrado y al salir de fui a Mixup a comprar películas y discos de música cubana; sí, soy de esos que todavía consume música y cine en formato físico y me encanta. Llegué a casa y dormí un rato, ya por la tarde-noche vi algunas películas entre ellas Flashdance. Al momento de verla intercambiaba por WhatsApp mensajes con la persona que año y medio después me provocaría ese dolor de estómago que «el viaje» curó.

    Quién pensaría que un ritual de esta naturaleza resultó ser la medicina que necesitaba tomar para  rehacer mis entrañas, pero sobretodo para encontrarme a mí mismo. Mi madre, sus amigas, mis tíos y primos ya lo habían experimentado, entonces solo faltaba atreverme a hacerlo.

    Toda la semana previa al pasado 1 de agosto llevé una dieta de desintoxicación y el sábado, día de la ceremonia, tuve que ayunar desde las 11 AM. Hice varias cosas ese día y conforme se acercaba la hora me iba preparando. Mientras lo hacía escuchaba canciones de Nicola di Bari y Giuliano Palma que me reconfortaban en alguna medida. La hora a la que me citaron fue a las 9:00 PM y me pidieron ir vestido de blanco así como llevar una veladora, flores, semillas y frutas para colocar en una ofrenda y comer por la mañana.

    Veinte minutos antes de la cita mi primo arribó a mi casa, él también asistiría y después de empacar todo lo que necesitaba nos dispusimos a salir. Pedimos un Uber que en cinco minutos nos llevó a nuestro destino. El chofer se nos quedó viendo con mucha inquietud porque además de ir vestidos de blanco mi familiar llevaba una katana. El conductor ha de haber pensado, por la hora, indumentaria y la espada japonesa, que éramos santeros o algo por el estilo.

    Al llegar a la casa donde se llevaría a cabo la ceremonia noté que había perfecto espacio para mantener la sana distancia y circulaba el aire lo suficiente. Unos minutos después apareció Andrés, el chamán, y tras darnos una breve explicación y algunos consejos. Los diez participantes formamos junto con él un círculo y recitamos una oración en voz alta e hicimos respiraciones profundas. Nos colocamos en nuestros respectivos lugares al terminar.

    Fuimos llamados uno por uno hacia una especie de altar donde estaba la Ayahuasca y Andrés nos dió a beber la cantidad por él establecida. En mi caso fue una sola dosis y la porción era similar a la de un caballito de tequila, la textura me recordaba a la sangrita con la que se acompaña ese destilado y el sabor era algo terroso pero no desagradable. Como ingerir grava roja o un ladrillo.

    Me encontraba sentado, recargado sobre la pared y protegido del piso por una almohada, una colchoneta, un tapete de yoga y una bolsa de dormir. Además me llevé una cobija, la misma que cubre mi cama en casa. Veía cómo los demás se acostaban en sus espacios mientras yo seguía sentado pensando en qué sería lo que iba a ver o sentir una vez entrado en el trance. No sentía nada, entonces me acosté. Sentí que pasaron entre treinta y cuarenta minutos desde la ingesta de la Ayahuasca cuando cerré los ojos y comencé a escuchar la música, entonces nada fue igual.

    Al momento en que mis párpados cubrieron mis pupilas las notas de la música entraban en contacto con mi cerebro y estando ahí, acostado con los ojos cerrados, empecé a ver figuras geométricas y colores como si hubiera entrado en otra dimensión. Simetría perfecta y toda la gama cromática se me hizo presente.

    En ese momento no pude hacer otra cosa que sonreír, y justo eso era lo que necesitaba después de pasar una semana horrible que ya había estado además antecedida por días de mierda. Dicen que la abuela Ayahuasca, como también se le conoce, te enseña lo que necesitas saber y yo en ese momento requería sonreír y ser feliz. Era tal mi regocijo que tuve que cubrir mi rostro con una chamarra que llevaba y taparme la boca con la mano porque en cualquier momento iba a soltar una carcajada e interrumpiría el trance de todos los demás.

    La música fue mutando y la letra de la nueva canción invitaba a sanar. Entonces mis manos contra mi voluntad se movían de tal manera que hacían el ademán de limpiar mi cuerpo, como si me estuviera quitando algo de encima, todo a las órdenes de la melodía. Al mismo tiempo, de mis ojos cerrados pero felices caían lágrimas que también  involuntariamente mis dedos iban limpiando de mi rostro. Empecé a sentir como si me estuviera desintoxicando.

    A medida que la música transcurría yo veía cosas distintas y mi cuerpo experimentaba diversas sensaciones. Cada que la melodía cambiaba mi “alucinación” también lo hacía y me mostraba diversas cosas. Geometría multicolor continuó apareciendo, hasta que en determinado momento empecé a visualizar una especie de selva y me percaté que me volví un dinosaurio parecido a esos salidos de las películas de Pie Pequeño.

    Con los ojos cerrados empecé a tocar con mi mano izquierda la derecha y pude sentir que no era mano humana, sino que su forma me recordaba la pata de un Triceratops o algún dinosaurio herbívoro y cuadrúpedo. Me encontraba quizás en el Jurásico o en el Cretácico y veía la magnificencia de la vida más remota en el tiempo.

    Al avanzar la experiencia psicodélica mi mente visualizaba más cosas mientras que mi cuerpo se movía con autonomía de cualquier juicio mío, al ritmo de la música que tenía un marcado aire indígena sudamericano. En un momento volví a tener una visión concretamente temática, era yo una especie de combatiente prehispánico en tiempos de la Conquista sin embargo en un instante cambié a ser un conquistador o soldado del ejército de Hernan Cortés.

    Cabe señalar que durante todo el “viaje” estuve consiente y tenía noción de ser yo mismo, sin embargo mis sentidos me permitían experimentar una realidad que antes no había conocido.  Asimismo, el trance me llevó a revivir días de mi pasado, remoto y próximo, en los que había sido feliz y sin embargo no me había percatado de ello, entonces, estando ahí volviendo a vivir la felicidad de antaño pude apreciar de nueva cuenta a la gente que me quiere.

    Mientras pasaban por mi mente aquellos días maravillosos que creí haber olvidado me dije a mí mismo ¿Por qué estar triste por alguien que no me quiere cuando puedo estar feliz por tener a gente que sí lo hace? Y en ese momento recuperé el ánimo que había perdido a causa del rechazo de una semana antes.

    Percatándome de ello, la Ayahuasca me dio la oportunidad tener un diálogo conmigo mismo que necesitaba desde hace tiempo y se centró en un tema en particular ¿Qué es lo que quieres en la vida? ¿Qué quieres conseguir? Y es que muchas veces ese ha sido mi problema, parafraseando al Divo de Linares, ni yo mismo muchas veces sé que quiero.

    Entonces, estando ahí solo con mi conciencia me permití navegar hasta las profundidades de mi cerebro y poner los papeles sobre la mesa ¿Qué quiero? Venía de una desilusión frustrante que me llevó a experimentar lo que no quiero, entonces comencé por buscar lo contrario, lo que sí quiero. Ahí, en medio de una alucinación comencé a ver a manera de destellos aquellas cosas que siempre había querido y que por alguna razón siempre me saboteé para pensar que no eran posibles.

    Todo parecía a mi alcance y en ese momento, en una nube de colores psicodélicos, pude percatarme que hay veces en que lo más difícil es saber qué es lo que se quiere por encima del cómo se consigue. Necesitaba una prueba de que aquello que se desea es alcanzable y en un momento fuertes dolores de estómago, diferentes al que ya tenía, que me invadieron, sin embargo por dentro dije “a la cuenta de tres van a desaparecer”… y entonces se esfumaron.

    Durante 8 o 10 horas estuve en el viaje, yendo desde los días felices de mi vida hasta a rincones del tiempo y el espacio donde se me aparecieron seres que nunca creí conocer, como los sabios del antiguo mundo helénico o las propias cosas que quise siempre y creí imposibles. Había pasado por geometría colorida que me puse a pensar sobre todas aquellas cosas que en mi mente se encuentran y que sin embargo los prejuicios, propios o cortesía de la sociedad, parece quieren borrar de mí.

    Al final, después de ver el lado fantástico de la vida, pude percatarme que mi estómago había sanado de aquel dolor angustiante y la abuela Ayahuasca me lo había curado a partir de permitirme tener un diálogo profundo con la persona más importante de mi vida: yo mismo. La medicina, como se refiere a ella el chamán, me alivió.