El críticamente bien acogido filme La peor persona del mundo (Verdens verste menneske, 2021) fue mi primer contacto con el cine del noruego Joachim Trier. La historia de Julie (Renate Reinsve), una joven adulta que en Oslo busca descubrirse a sí misma y qué quiere de la vida, resultó conmovedora para quien esto escribe por dos razones: la primera es que la protagonista encarna a esa persona que muchos hemos sido alguna vez, alguien que con más torpeza que artificio está en busca de algo sin saber qué exactamente. El segundo motivo es de corte personalísimo; me vi reflejado profundamente en Aksel (Anders Danielsen Lie), novio del personaje de Reinsve, y quien vive situaciones que juraría que Trier calcó de mi vida.
Actualmente se halla en exhibición, en la plataforma Mubi, la más reciente cinta de este creador escandinavo y que se titula Valor sentimental (Affeksjonsverdi, 2025). El cineasta recurre de nueva cuenta a Reinsve para estelarizar su filme. La acompañan el mismo Danielsen Lie y se incorporan figuras de talla global como Elle Fanning y la leyenda sueca Stellan Skarsgård.
Nora Borg (Reinsve) es una intensa actriz teatral que vive de forma muy profunda su profesión, al grado que llega a somatizar en forma de ansiedad o ataques de pánico la disputa personal que tiene con el escenario y las gradas llenas de un recinto. Sus vínculos más estables y cercanos son con su hermana Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas) y su sobrino Erik (Øyvind Hesjedal Loven). En contraparte el más conflictivo es con su padre, Gustav (Skarsgård), un veterano cineasta con el que se reencuentra posteriormente al funeral de su madre.
Gustav, a su vez, se encuentra en labor de pre producción de una cinta que será la más personal de su longeva trayectoria y la primera que realizará después de 15 años de sequía. Este desea que Nora protagonice dicho filme, sin embargo la actriz rechaza contundentemente el ofrecimiento. En la proyección de una de las películas de Borg la actriz y celebridad norteamericana Rachel Kemp (Fanning) se ha conmovido hasta las lágrimas y decide conocer personalmente al director. Este contacto resultará, eventualmente, en un vínculo profesional.
Joachim Trier ha manifestado a través de la pantalla una meditación sobre lo que implican los vínculos con aquellas personas más cercanas a nosotros. Por un lado expresa de manera notable cómo dos seres humanos en condiciones similares pueden sostener relaciones radicalmente distantes con la misma persona, esto escenificado en la interacción que Nora y Agnes tienen con su padre.
Por su parte, Gustav encarna no solo cierta asimetría generacional sino que a través de la transformación de un vínculo personal en uno de naturaleza profesional pretende acortar la distancia emocional con lo que él considera «lo mejor que le ha sucedido», sus hijas. Simultáneamente el rol del personaje de Rachel Kemp y su relación con el experimentado cineasta revela otra capa, más oscura, de las relaciones interpersonales; la de la instrumentalización, la pretensión de sustituir a una persona por otra cuando la primera está ausente.
Cada uno de los personajes principales conforma alrededor suyo una red de conexiones las cuales, tal como las de cualquiera, pueden ser narradas y analizadas con miras a entender ¿qué tengo yo con esta persona?, ¿en qué punto es posible nuestro encuentro? Quizás, sin ese objetivo, Trier ha lanzado una notable serie de preguntas sobre qué implica vincularnos, encontrarnos con alguien más.
