![]() |
| Mi madre, en algún punto de la década de los 90 |
Dormí bien por segundo día consecutivo, por fin, después de una semana insoportable. Esta situación hace que todas aquellas sensaciones desagradables como náuseas, asco, fiebre, falta de apetito y esa angustia que se me empotra en el abdomen disminuyan. Hoy los ataques de ansiedad y tristeza son más leves, menos frecuentes e intensos. El hecho de ser fin de semana es un factor determinante, me puedo permitir descansar más por las mañanas.
Tenía pensado para esta fecha escribir una entrada para Popteresante acerca de la maternidad como tema en la cultura pop, en especial la música. No sabía bien si hacer una playlist con algunas canciones que ya tenía yo pensadas desde hace un tiempo, escribir sobre alguna película, o bien hacer una mezcla de ambas. Al final la cabeza no me da para enfocarme en ese tema, quizás la haga más adelante, probablemente el año que viene, no lo sé aún.
Lo primero que hago al levantarme es ir al patio donde está mi mamá, sentada en una banca, y le hago la seña que ella ya conoce que significa «ven para darte un abrazo». Se para y lo hace, esto es simple, se trata del día de las madres, es la cuarta vez que nos abrazamos en el 2020. La primero fue en año nuevo, la segunda el día de mi titulación y la tercero el 20 de abril, en su cumpleaños. Nunca nos decimos nada en ese momento, solo lo hacemos y ya. En realidad las locuciones de cariño con ella están de más y son prácticamente inexistentes de un lado y del otro.
Decía Jaime Sabines que “las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada”, quizás eso pasa entre nosotros, no hace falta abrir la boca para saber lo que sentimos. Esto es absolutamente raro y contradictorio dado que soy una persona que requiere que le repitan constantemente las cosas y ella tiene cierta afición por ser protagonista en cualquier situación. Yo necesito que me digan a menudo «te quiero» para saber que me quieren, «te odio» para saber que me odian, etc; por su parte mi mamá colecciona halagos o reconocimiento sobre cualquier acontecimiento y eso le gusta.
Después de este momento de extraño acercamiento entre madre e hijo, ingiero mi desayuno: hot cakes y una taza de té de manzanilla. Al terminar me voy a mi habitación a divagar sobre todas esas cosas que me estrujan el cerebro para intentar hallarles una salida, todo esto mientras acomodaba algunos libros y otras cosas. Al momento de realizar esto escucho canciones que tengo compradas en la tienda de iTunes y hay de todo, pero oigo algunas de Sam Smith, Savage Garden, Ed Sheeran y Babasónicos.
Descanso algunos instantes y abro Facebook porque tengo una notificación, entonces me percato que en el muro de noticias hay una publicación del DJ Dino Psaras quien comparte un video de una presentación suya, en un viejo rave en Japón, donde está tocando Firewall. Procedo a verlo completo, me recuerda tantas cosas esa canción que se me olvida por un momento todo. Concluye este y veo en la reproducción sugerida uno de Dragon Ball que también atiendo por en su totalidad. Veo en mi escritorio el libro El amor según Snoopy, lo tomo y lo empiezo a leer recostado; hallo algunas frases interesantes en la historieta, pero demasiado idealistas para mí, es probable que en cualquier otro momento con mayor ánimo las hubiera recibido.
Sigo con los pendientes en mi habitación mientras escucho y canto en voz baja el tema de Dragon Ball GT, Mi corazón encantado. Me recuerda mi infancia así como un viaje relámpago a Acapulco en el 2017. Empiezo a prestarle más atención a la letra y me percato que algunos versos se acomodan a mi situación anímica actual. Por dentro no queda nada más que reírme. He pensado todo el día, mi cabeza no ha dejado de trabajar en hallar alguna solución a lo que me pasa. “Tantas cosas en la mente me aterran, el pensar en todo y nada de una vez”, dice aquella canción de Los amantes de Lola, y creo que esos versos de apertura de Beber de tu sangre me ajustan también en estos días.
Me echo boca abajo en la cama y reproduzco desde el celular el álbum 1996 de Ryuichi Sakamoto. Lo escucho completo mientras medito qué hago con todas esas inquietudes que me dan tantas vueltas y me llevan a tener cambios de ánimo tan bruscos de un momento a otro. Mientras tanto me meto a buscar en internet qué hacer con lo que me pasa, cómo lidiar con ello. Tecleo en Google una pregunta y empiezan a aparecerme resultados. Encuentro algunas cosas interesantes en páginas, como Cultura Colectiva y blogs de Psicología, en tanto otras que me desconciertan, como una serie de consejos de psicomagia de Alejandro Jodorowsky. Leo unos tres o cuatro artículos y al final del último encuentro cierta iluminación.
Me meto a bañar cuando termina el disco de Sakamoto y opto ahora por escuchar una lista de reproducción aleatoria que desde mi celular alimenta una bocina bluetooth. Tiene piezas de Above & Beyond, Great White Buffalo, Orjan Nielsen, Bang Bang y Roger Shah. Mientras estoy en la regadera sigo pensando qué hacer en mi situación, ahora más lúcido por lo que leí en los artículos, empiezo a ver todo con más claridad; quizás el agua caliente me abrió la mente y pude ver esos puntos ciegos de mi crisis existencial.
Mientras me visto voy recobrando un poco la estabilidad. Termino de hacerlo y voy con mi madre y hermano porque es la hora de la comida. Todo transcurre en paz y la cochinita pibil que se encargó tiene como colofón, es decir postre, helado de galleta. Subo con mi hermano a su habitación a jugar PS4 y pierdo la noción de cuánto tiempo lo hicimos. Mientras esto acontecía me empiezo a escribir con mi mejor amiga quien me pide escuche una canción de Vetusta Morla ya que según ella me ayudará a comprender lo que estoy viviendo.
Presto atención a lo que me recomienda y le encuentro algunos méritos en el ámbito musical pero líricamente no la comprendo del todo. Termino de jugar PlayStation y regreso a mi habitación para escribir un rato y mientras lo hago se me ocurre una primera “solución” a una de esas tantas inquietudes existenciales que tengo. Le pongo una fecha límite a hallar una salida y me doy tres meses, el 11 de agosto será el día en que si no he resuelto una de esas angustias que me atormentan, simplemente la dejaré y que alguien más la resuelva.
El resto del día transcurre en medio de algunas pequeñas calamidades como una pequeña discusión vía mensajes de Telegram y el inconveniente de que mi televisión no se conecta a internet por alguna razón desconocida, esto me impide ver Netflix o Amazon Prime Video. Podría ponerme a hacerlo desde mi iPad pero no quiero, entonces desisto de ver una peli o empezar alguna serie por streaming. Había ordenado sushi para ver alguna especie de odisea ciberpunk o una chick flick noventera, no obstante pero la tecnología me juega mal. Opto por sentarme al escritorio y escribir esto. Después cepillaré mis dientes y dormiré, mañana es un día importante en mi estabilidad, si consigo pasar el día sin demasiada melancolía puede que la semana vaya mejor que la anterior.
El día de hoy he tenido menos vaivenes emocionales y más leves ataques de angustia, eso es bueno, quizás se deba a que por fin encontré una especie de salida a una de las cosas que me agobian, solo queda hacer lo mismo para el resto. Mi moraleja del día va respecto del día que ya me puse en mente como clave para la resolución de esa situación y es parafraseando a Faustino Oramas: si después de esa fecha quieren bailar, búsquense otro timbalero.

