8 de Mayo 2020

He dormido tres horas y media. Me fui a la cama a las 00:03 AM esperando dormir hasta las 5:40 pero me resultó imposible. A la 1:00 me despierta un mensaje de Telegram, me perturba su contenido porque es algo inesperado y que todavía me incrusta más angustia en el cuerpo aunque la intención sé que no es esa.

Por un momento abro WhatsApp y veo algunos mensajes que no atiendo ni respondo, en estos momentos debo intentar dormir lo cual es ahora más difícil después de las noticias que por Telegram me llegan. Intento volver al sueño pero no puedo, lo que leí me perturba aún más a pesar de que esa no haya sido la finalidad del mensaje recibido.

 Entonces, con la cabeza en la almohada, me pongo a pensar cómo maldita sea resuelvo la situación de la que me acabo de enterar, qué palabras emplear, qué decir, qué callar. Así me la paso hasta las 2:10 y por fin duermo un poco.

210 minutos después despierto, veo que en mi celular hay más mensajes por Telegram y WhatsApp. El día anterior fue difícil y este se presta para ser igual de complicado con el añadido que para hoy viernes no tengo motivo alguno para salir de mi casa y enfocar, aunque sea por unos instantes, mi mente en otra cosa.

No puedo responder a lo que recibí porque debo empezar a trabajar. Lo hago, me apresuro y a las 7:00 me doy el tiempo de empezar a contestar esa comunicación nocturna. No escribo lo que debería, con las palabras apropiadas ni la extensión correcta porque debo seguir trabajando, pero intento hacerlo.

Termino de laborar a las 10:00 y me quedo en mi cama. No tengo fuerzas para pararme al estéreo y poner un disco, entonces pongo el radio y alterno de estación cada determinados minutos. Escucho canciones de diversos tipos pero la única que en concreto recuerdo es Sleep Walk de Santo & Johnny, que hace muchos años no escuchaba completa. Al igual que ayer, el plato de fruta que siempre desayuno me provoca náuseas y con mucho esfuerzo me lo como aunque no tenga hambre. Mi té matutino por su parte me lo bebo de un jalón una vez que se ha entibiado. Sigo acostado.

  

El día anterior la conclusión fue que Dios existe a veces, la de este es que Dios ha muerto. Y más que desde una perspectiva nietszchiana, es una afirmación empírica. Le llamaron a mi madre del hospital veterinario y le comunicaron que Teo, su perico, murió. Cuando el ave llegó a casa yo le escogí el nombre porque mi mamá no tenía ni idea de cuál ponerle y se me ocurrió Timoteo, por flojera u olvido ella le llamaba nada más Teo, etimología griega que significa Dios. Por lo tanto hoy nos han comunicado que Dios ha muerto.

Me angustia saber que las mascotas mueren, esta no era mía, pero el simple hecho de verlo todos los días y saludarlo cada que pasaba por donde el estaba me hace pensar que había cierta relación entre el y yo y ello me estruja el corazón. Mi madre entró después a mi habitación para notificarlo y mi hermano la llevó a recogerlo para que lo enterraran, a ella no le gustan las incineraciones. Vi cuando regresaron, yo me había levantado para revisar el módem cuando los observé entrar. Mamá traía al animalito en sus manos envuelto en una especie de manta, como si sostuviera en sus palmas a un hijo con plumas de color verde que se le acaba de morir. Me le quedo viendo a ella que está desconcertada y con esfuerzo puede caminar.

Regreso a la habitación y la escucho llorar, por minutos u horas no lo sé, perdí la noción del tiempo. Me pongo a pensar en el pobre animal y en mi madre y se me hace un hueco en el estómago, uno más a todos los que se han acumulado desde mediados de abril. Regreso a la cama y sigo escuchando lo que pongan en el radio hasta que a las 12:36 recibo un mensaje de Telegram que siento como una aguja en el abdomen. “Lo sabía” dice el texto, no más. El remitente es mi mejor amiga a quien he confiado la narrativa de mi vida en una década. Mi mente empieza a dar vueltas y pienso diversas cosas referentes a mi situación una y otra vez ¿Qué es lo que sabe, acerca de qué y cómo lo supo? son lo que ahora me pregunto.

Me llama por teléfono unos minutos después y no me da ninguna información concreta sobre nada, solo se limita a decir que no debo ser fatalista y necesito llenarme de paciencia en días complicados. No sé a qué se refiere, sobre qué tema y por qué me lo dice pero estoy convencido que le solicita esto a la persona más impaciente del mundo, yo. La paciencia es una virtud que me duele mucho practicar, pero confío en mi amiga aun y no sé a qué se refiere.

A las dos de la tarde por fin salgo de la cama para tomar un baño y después de hacerlo leo un poco para intentar calmarme. Alrededor de las 3:00 la escribo a mi profesora de la maestría, con quien más tarde tengo programada clase. Le pregunto si es imperativo “asistir” el día de hoy a la videoconferencia y le explico que en caso que me ausente será por una causa de fuerza mayor, he dormido 7-8 horas en los últimos dos días y necesito descansar pero no puedo, y si a las 6:00 pm no me conecto es porque habré conseguido dormir.

Ella se comporta empática conmigo y me dice que no tendría ningún problema, me indica que lo mejor es que esté yo bien. Unos minutos después voy con mi madre y hermano para comer. He perdido las náuseas por algunos instantes y puedo llevarme algo al estómago sin riesgo alguno de volverlo, ¡por fin!, necesitaba algo así. Ella está triste, todas las palabras que decimos a la mesa son pronunciadas con suma cautela para no alterar su frágil estado de ánimo.

Al terminar voy a mi recámara y me acuesto, intento dormir pero no puedo. Hago algunas cosas sin importancia hasta las seis. Me conecto a clase y por un instante en la semana puedo volver a relajarme. Mis compañeros y profesora hablan, explican, comentan, hacen; yo participo de vez en cuando, con mayor frecuencia conforme voy sintiendo más confianza. Inclusive hacemos juntos, en línea, un mapa conceptual ayudados por una herramienta de Google Jamboard y que yo desconocía, como tantas otras cosas en mi vida y en específico estos días.

 Con el avanzar de las opiniones la clase se torna tensa, en ningún momento hay insultos pero los argumentos se vuelven cuestionamientos importantes y hay que defender el honor intelectual, yo sé de qué lado estoy pero no es necesario que lo exprese abiertamente. En el momento en el que tenga que defender algo lo haré. La maestra opta por la conciliación y nos dirige palabras que abogan por mantener la armonía que un día hubo en aquel grupo y no hay más.

teo

Lo hace como buena docente y filósofa aunque ella desconoce el origen de todo, que en realidad fue una estupidez mía, una de tantas y tan frecuentes esta cuarentena. Si alguien organizara unos premios Cuarentena Awards me daría a mí el galardón al imbécil de la temporada. Al finalizar la clase converso con la maestra en privado sobre mi tesis ya que ella es mi asesora, terminamos de charlar y me siento un poco mejor, creo que estos días lo que necesito son oídos que me escuchen y no voces que me crucifiquen.

Un amigo del grupo de Unders comparte un video sobre cuestiones de artes marciales y defensa personal y me le quedo oyendo mientas saco de mi armario una caja con juegos de mesa porque estoy buscando algunas cosas.

Saco de ella un Scrabble y le mando una foto a mi jugadora favorita, aunque con ella solo lo he hecho de manera virtual. Contabilizo las fichas y veo que faltan dos, así que en mi mente queda la idea de comprar algunas para tenerlas otra vez completas. Cuando me doy cuenta las náuseas del día se han ido y el hueco en el abdomen ha desaparecido. Empiezo a sentir un poco la calma que no he conocido en días.

Avanza la noche y me empieza a dar sueño, por fin podré descansar. Para no alterar esta situación me pongo una manta encima, con ropa así como la luz encendida me hecho a dormir. La crónica de este día puede esperar, ahora debo aprovechar para intentar en mis sueños alejarme de esas sensaciones de angustia, decepción, fracaso y fragilidad que estos días han contaminado mi mente y mi cuerpo.