Hoy es 16 de diciembre y algunas horas antes de saber si este 2018 alzaste el noveno título de primera división en tu historia te escribo esto. Llevo muchos años pensándolo, solo que nunca lo había aterrizado en papel o en algún otro medio de difusión de la escritura.

Todo comenzó un día entre 1993 y 1995, no lo recuerdo bien; encontré en mi casa una gorra de malla con tu escudo, nombre y siete estrellas. Ese fue mi primer contacto consciente contigo, a partir de ahí sabía que eras mío y yo tuyo.

El primer partido en que te vi y del que tengo recuerdo más o menos nítido fue uno vs Guadalajara en el estadio Azul la tarde de un domingo, Internet me mostró después que la fecha correspondía al 16 de febrero de 1997, estaba yo en un café de chinos sobre Calzada México-Tacuba con mi madre y hermano y el juego estaba siendo transmitido en las televisiones del lugar.

Durante algunos meses coqueteé con hacerme seguidor de las Chivas, sin saber por qué, pero en el fondo aquel uniforme rayado nunca me transmitió nada como sí lo consiguió tu siempre inconfundible camiseta azul.

Pasaron los meses y llegó noviembre. Los cuartos vs Atlas fueron un trámite, el golazo de Yegros contra Atlante en semis fue una gota de éxtasis y la tarde que te coronaste en León resultó indescriptible. Aquel domingo estaba hecho un manojo de nervios, en especial porque tuve que irme de casa antes del comienzo de los tiempos extra para comer en la estos días de moda colonia Roma. Cuando regresé a casa y vi que Hermosillo nos había dado la octava el mundo no era igual, yo era más cruzazulino que nunca.

A partir de ahí llegaron los tropiezos en cascada, el primero fue en los cuartos de final vs América del torneo siguiente, siguió con la eliminación con los Pumas en el invierno 98, la goleada en semis con el Atlas de Lavolpe en el 99 y la final con Pachuca ese mismo año.

La consagración de mi devoción por ti llegó en el 2001 con aquella Libertadores. En el torneo local no calificamos a liguilla, pero el papel en Sudamérica nada lo borra, recuerdo estar puntualmente enchufado al radio cada tarde de juego porque yo tenía Multivisión, sistema de cable que no incuía PSN, canal de deportes que transmitía en exclusiva ese torneo.

Al finalizar los penales contra Boca hubo tristeza, más no decepción, porque fuiste capaz de plantarle cara al vigente campeón del mundo a nivel de clubes, ganarle en la Bombonera, estrellar 2 balones en los postes y tener casi rendido a un equipo que unos meses antes había sido capaz de arrodillar ante sí al Real Madrid de los galácticos.

Entre 2004 y 2006 se me hizo hábito estar cada catorcena en el estadio Azul viéndote jugar de local y pararme en el Azteca también cuando había que visitar al Atlante o al América.  Los años pasaron y las decepciones ahora sí llegaron. Las semifinales del Clausura 2005, la eliminación del club en plena liguilla a causa del doping de Carmona, la final vs Monterrey en liga, finales de Concacaf, etc. Uno puede perder un partido de futbol, mas no haciéndolo sin luchar hasta el final.

Una mañana de 2011 me hice la pregunta que da título a este texto, surgió cuando un compañero en la Septién se acercó a una maestra en el salón de clases y sentenció la siguiente estupidez: «Yo le voy a los Pumas porque esta bien visto irle a los Pumas».

Me dieron ganas de insultarlo, no por ser seguidor del equipo del Pedregal, sino porque uno no sigue al club por quedar bien con alguien, te haces del club porque te identificas con él, ¿qué me identifica contigo, Cruz Azul?

En primer lugar en que eres de mi ciudad, los ingenuos, los ignorantes y los idiotas señalarán que no perteneces aquí al provenir de Hidalgo, pero no, eres capitalino, eres como mi madre y 3 de sus hermanos, quienes llegaron de la provincia mexicana para hacer de esta ciudad su hogar y el sitio donde pudieran tener lo que en otros lados no habría manera de encontrar, llámese trabajo, aventuras, etc.

Por otro lado representas lo que soy, un trabajador. Eres emblema de una fábrica, gente que como yo se levanta temprano todos los días a ganarse el pan que han de llevarse a la boca. Obviamente no soy un obrero, pero al igual que ellos abro los ojos cada mañana con el fin de sacar adelante mi vida. Eres el club de la clase trabajadora que sale a mantener a este país.

Detrás de otros clubes hay gente que hace telenovelas, refrescos y cerveza, suplementos alimenticios o productos milagro, etc. En contraparte detrás de ti hay gente que ayuda a construir ciudades, escuelas y viviendas, caminos, puentes, veredas, etc.

A diferencia de otros tú no eres un nuevo rico. No eres como Chelsea, Manchester City, PSG o lo clubes este lado del Atlántico que para ser ganadores tuvieron que esperar la intervención de un mesías financiero que inyectara dólares como si de esteroides se tratara. Tu dinero salió del trabajo de millares de personas y de los éxitos deportivos que cosechaste.

En la grada pasa algo similar, irte a ver no es una actividad de alto riesgo, tus dirigentes son los únicos del futbol mexicano que han decidido ir de frente contra la miserable moda sudamericana llamada «barras» y su estilo de «aliento» que nada tiene que ver con la idiosincracia del mexicano aficionado al futbol.

Una frase atribuída a José Martí señala que «si conozco al monstruo es porque he vivido en sus entrañas» y yo puedo asegurar que conocí muy bien a la Sangre Azul y a la Realeza, las versiones celestes de ese ridícula versión mexicana de las barras argentinas. Sé perfectamente que no las necesitas, tu gente es la que va en familia y amigos a verte, no la que se siente sudamericana cantando copias mal hechas de música con ritmo de murga y a media carretera se baja a robar tiendas en un viaje a Querétaro, San Luis o Guadalajara.

No requieres gente que se embriaga y droga durante 8 horas de viaje para llegar envalentonada a la ciudad rival, tampoco a un grupo de vándalos que pinta el transporte público de la CDMX para marcar territorio, eres más grande que esa asqueante fórmula de ser afición traída desde Sudamérica.

Hoy es un día especial y sea cual sea el resultado, sabes que lo que me une contigo es más que un resultado, es una forma de ver la vida lo que compartimos. Aquí seguiremos toda nuestra existencia.